Mi gusto es... O la otra mirada | Intrusos
Semetieron a un domicilio particular y eso es reprobable. Iban por él, es cierto, al ser acusado de tres o cuatro fechorías, pero invadieron una casa ajena en donde ya le había dado asilo y demás.
La marimorena se desató y provocó un escándalo mayúsculo. Los que participaron en él, se mostraron iracundos, fanáticamente incontrolables, sin mostrar ningún respeto por las reglas de esa casa.
Ninguno.
Tampoco por los acuerdos que, tiempo atrás, se habían logrado entre todos los del barrio y más allá, lejos, en un sitio neutral, y que contiene las normas básicas en materia de celebración y aplicación de ese tipo de pactos.
Tampoco.
Estos buscan fomentar las relaciones amistosas y desarrollar las relaciones económicas, culturales y científicas entre los involucrados que pusieron su firmita al calce y querían vivir mejor y en paz.
No, no lo es.
Eso sí, y lo debo de admitir para entender mejor las cosas:
¿por qué el prófugo corrió hacia esa casa y no a ninguna otra ?
¿En esa casa impera, por sobre todas las cosas, la decisión de brindar ayuda humanitaria ,sin condición, al que lo necesite?
¿ En esa casa hacen muy buenas tortillas de harina y, en la mañana, te levantan con una taza de café y un desayuno, como pa’ cumplirle un deseo a un condenado a muerte?
¿Hace lo mismo en todas las casas que tiene por el mundo o se decidió por estas a sabiendas que ya le habían dado alojamiento por un día, en tanto se apaciguaban las aguas y punto arreglado?
Yo no sé.
Lo que sí sé, es que al hombre que sus adversarios sacaron para llevárselo, lo acusan de echarse a la bolsa un recurso que no era suyo. También aseguran que cometió otros actos que la ley sanciona con pena de prisión y con esa intención deseaban su recaptura.















