Salud y Bienestar / El saldo
Tras analizar las tendencias epidemiológicas, el equipo autoral encontró que la mortalidad por armas de fuego creció 88,2 % entre 2015 y 2018, aunque experimentó un ligero descenso (de 16,7 %) entre este último año y 2022.
En su estudio actual, destacan que los conflictos entre grupos del crimen organizado, junto con el tráfico de armas desde Estados Unidos a México y a otros países latinoamericanos, tienen un importante papel como detonantes de la violencia en la región.
A partir de 2004, en Estados Unidos se permitió la producción y venta de armas de asalto, como los rifles AR-15, y esto está ligado al aumento de la violencia no solo en México, sino en toda la región de centro américa.
El estudio agrega que además de considerar estos efectos directos y visibles de la violencia homicida, también es necesario tomar en cuenta su impacto indirecto entre la población, que no ha recibido atención suficiente.
Al respecto, lista los trastornos de salud mental como el estrés, la sensación de aislamiento y la depresión entre las personas que experimentan la violencia extrema asociada con el uso de estas armas.
Dr. César Álvarez Pacheco
cesar_ap@hotmail.com
@cesar_alvarezp
Huatabampo, Sonora

















