¡Palabra de Mujer! Más allá del acceso, la barrera educativa
México ha construido una narrativa incompleta sobre su sistema de enseñanza.
Durante años, el avance se midió por la cobertura: más matrícula, mayor alcance, cifras en ascenso. Ese enfoque permitió sostener una idea de progreso que hoy resulta insuficiente.
El verdadero desafío está en otro punto.
No en abrir la puerta, sino en asegurar que quienes ingresan puedan concluir su trayectoria. Ahí se define el alcance real de cualquier política pública en la materia.
Hace unos días, en Santiago Tulantepec, una madre lo dijo con precisión desconcertante:
“Diputada, mi hijo quiere estudiar, pero la escuela no siempre ayuda”.
Esa afirmación sintetiza una realidad que las instituciones llevan demasiado tiempo sin atender con el rigor que merece.
El reto ya no consiste en ampliar el acceso. Consiste en garantizar la permanencia.
Desde la función legislativa, el estándar debe redefinirse: la permanencia como indicador central de éxito, no como meta secundaria.
La discusión de fondo ha cambiado.
No se trata del número de estudiantes que ingresan, sino de la proporción que logra concluir su formación. En esa diferencia se encuentra el país que hoy somos y el que estamos en condiciones de construir.
Y ese proceso ya está en marcha.
















