
SAN AGUSTÍN TLAXIACA, Hgo.- En voz de Jonathan Cerón, encargado del Archivo Histórico municipal, es fácil imaginarse en sus historias a un hombre huyendo, sin apenas saber dónde estaba, con los enemigos políticos pisándole los talones. El liberal recorría el que ahora se conoce como Cerro de la Virgen en busca de un refugio; los conservadores lo perseguían, cuenta la leyenda. Finalmente halló una cueva y, en su soledad, habría labrado en piedra la silueta de la Virgen de Guadalupe para que lo protegiera de sus persecutores. No puede saberse si se salvó, pero la virgen labrada en piedra se quedó en la cueva hasta que unos pastores, ya en el siglo 20, encontraron la figura que de inmediato consideraron una aparición, un milagro. Así inició la celebración que desde 1945 es una de las más importantes del municipio, la del 24 de enero, día en que, dicen los lugareños, el pueblo se vacía, pues la mayoría de sus habitantes sube a pie lo que en auto lleva más de media hora recorrer. Familias enteras se ubican incluso desde un día antes en las cercanías del cerro, donde instalan casas de campaña y se preparan para la festividad que, por todo lo alto, venera a la Virgen en el Cerro. Peregrinaciones, cabalgatas, autobuses y una feria con infinidad de puestos cubren los caminos que recorren los devotos para entrar a ver a la Virgen que, cuando no es tiempo de fiesta, “habita” en el centro de una pequeña cueva. Apenas unos 30 centímetros mide la imagen de bulto que, tras muchos años de tener un rostro imaginario, fue pintada con los rasgos y el vestido guadalupanos, lo que muchos consideraron restaba valor a la reliquia. El Cerro de la Virgen forma parte de la hacienda de Tulancalco, más precisamente del racho de La Arboleda, anexo de la hacienda, cuyo ganado pastaba en el lugar, entre las comunidades de Puerto México y Benito Juárez. Es este lugar el que muchos consideran uno de los más antiguos asentamientos humanos en Hidalgo. Jonathan Cerón refiere que hacia el este del Cerro de la Virgen, un cerro más pequeño cuenta aún con basamentos piramidales y una serie de objetos arqueológicos de la época tolteca. A flor de piso, dice, pueden hallarse jarritos Tláloc, restos de cerámica o puntas de obsidiana, y aunque se han hecho catálogos de sitios arqueológicos, no existe en sí un estudio muy formal del lugar, sino más bien una somera observación, un listado general de lo que hay en este espacio hidalguense poco conocido, pero lleno de historia.