Cuando éramos niños y estábamos en la escuela o colegio todos los días hacíamos fila para entrar, para salir, para el recreo. Después, aprendimos a hacer fila para el cine, el teatro y hasta para ir al baño, algunas veces buscábamos a alguien conocido que nos dejase entrar en la fila de manera más rápida y cercana, sobre todo si era para entrar al cine, restaurante favorito o al teatro, en otras tirábamos la sonrisa número 33 con ojos de “mosca muerta” para lograrlo, ahora que si se trataba de reprimenda, buscábamos irnos atrás para que no nos alcanzara el final de la fila.
Lo que nunca nos dijeron desde antes de nacer o después de, es que hay una fila donde siempre hemos estado y de la cual no podemos adelantarnos o atrasarnos, porque nuestro lugar está asignado desde el día que decidimos, o ¿tal vez alguien más decidió? traernos a este mundo para compartir espacio en este lugar llamado tierra y, ¿Qué creen? No podemos salir de ella por decisión propia, aunque hay quien piensa que puede adelantarse sin saber que ese, es su día para llegar al final de la línea, lo que cambia es cómo salimos, porque nadie se sale sin completar el camino, sea éste largo o corto, por eso tal vez para algunos no es fácil envejecer, aunque para otros, aunque no les sea fácil deciden aceptarlo, sabiendo que todos somos maestros y alumnos en este mundo, así, poco a poco comprendemos que el tren está en línea para la salida y tenemos que irnos acostumbrando a caminar el camino que nos lleva a él, a veces rápido y a veces lento y, a medida que la edad se nos viene encima, comprendemos que hay más tiempo que vida y la fila sigue esperando siempre, esperando silenciosa que el día de salida se presente para que puedas despedirte de quien eras, o tal vez de quien tú creías que eras, usando la vida con o sin consciencia ella nos alcanza desde la infancia, juventud, madurez hasta que, cuando llega la tercera y cuarta edad reaccionamos con o sin aceptación, aprendiendo a decir hola cada día a la persona en que te has convertido, esa persona con las marcas de los años plasmadas en el rostro, cuerpo y manos, marcas que enseñaron a quitar culpas y vergüenzas de prejuicios y miedos que vivimos y en ocasiones creímos reales, dejando que se vayan los que tengan que irse y permanezcan los que deben quedarse. Así seguimos caminando evitando que nos atrape la tarde, pues la persona que diariamente ves en el espejo debe ser aceptada por ti con todo y sus cambios, al aceptarte sabes que todos te aceptan y la vida también y al despedirte al llegar al final de la fila lo único que debe importarte es saber que nuevos anhelos vendrán y solo recuerdos permanecerán borrándose poco a poco.
Por eso, antes de llegar al final de la fila suelta para cambiar emociones, conocer los límites propios y de aquellos con los que te relacionas, para vivir y partir con consciencia sabiendo que estás en la fila del nunca jamás y ésta, siempre estará, si usted como yo, reconoce que está en la fila escríbame en angeldesofia@yahoo.com.mx