Acueducto Solís León
Y es en el aguerrido estado de Michoacán, donde una comunidad indígena le puso el ejemplo a todo México por su resistencia. Hablo de Cherán. Su historia es muy conocida y únicamente tomo a este pueblo como referencia de dignidad en esta columna de opinión.
Incluso, cuando queremos sentirnos más cosmopolitas nos vamos los fines de semana a Morelia y no a León. Así que no les debemos nada a los panzas verdes y tampoco queremos que nos deban ni el saludo.
Expropiaron nuestras tierras para construir la Presa Solís hace 75 años, inundaron iglesias, cascos de haciendas y 26 de nuestros pueblos ancestrales con los vestigios de una de las primeras culturas mesoamericanas: la cultura Chupícuaro del preclásico temprano.
Tampoco toman en cuenta las dos señoras el desastre ecológico que se ocasionará a la cuenca del Lerma y los lagos que abastece. ¿Qué no habrá daño ecológico?: escuchen lo que decía el gobierno anterior del Tren Maya y el chiste del engaño se contará solo.
Si ya nos condenaron una vez al ostracismo y la marginación, qué más da que lo vuelvan a hacer por defender lo que nos pertenece: el agua. Porque más vale morir asfixiados por una bota militar en el pescuezo que de sed.
El aislamiento apaga el sentimiento de pertenencia, pero aún más cuando hay ese centralismo acaparador y gandalla.
Si Cherán vivió gracias a la dignidad y la resistencia, Acámbaro también puede salvarse y rescatar del capitalismo más rancio y voraz a varios municipios y al río que les da la vida.













