Atalaya del 29 de julio de 2018
Antes, los Presidentes electos desaparecían del escenario político hasta unos días de su toma de posesión y volvían a aparecer hasta cuando daban a conocer el gabinete que les acompañaría al inicio de su gestión.
Había un acuerdo no escrito en el que el Presidente electo cedía los micrófonos y las cámaras al Presidente saliente, quien aprovechaba los últimos meses de su mandato para recorrer por última vez todo el país y despedirse de la población.
Todos sabían que en su último año de gestión, el Presidente saliente perdía todo poder de conducción y peso político y, todo su gabinete le dejaba de ser leal y de obedecerlo. Sin embargo, le debían respeto a quien había dirigido les destinos del país.
Algunos pensaron que pasadas las elecciones bajaría la intensidad del escenario político y que descansaríamos de las campañas publicitarias que inundaron los espacios informativos, sin embargo, ello no fue así.
El propósito ha sido mandar señales claras de una transición ordenada y coordinada con las autoridades salientes. Es así que a lo largo de este mes, los cardenales han acaparado la atención de los medios de comunicación.
Tan es así que ya Donald Trump envío algunas de sus piezas fundamentales para conocer y saber lo que pretende hacer el nuevo Presidente de México. Funcionarios de la más alta importancia le conocieron y seguramente pactaron acciones que convienen a ambos países.
Tal vez el tema de la MIGRACIÓN es lo que más gustó a Trump, y es lo que ha originado los buenos comentarios respecto a López Obrador. De seguir así esta mejora en la relación bilateral, seguramente se lograrán acuerdo que beneficien a nuestros países.
No podemos cantar victoria, pero es un buen inicio. En el curso de este mes, el futuro Presidente de México se ha dado el lujo de hacer cambios en su gabinete e incluso sigue nombrando al gabinete ampliado.
















