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Análisismiércoles, 1 de octubre de 2025

La ciberseguridad no es negociable

Esa confesión no es menor. Admitir que, cuando sucede un incidente, las entidades públicas no saben identificarlo ni contenerlo hasta que ya es visible, es reconocer una fragilidad estructural que compromete la seguridad institucional y la confianza ciudadana.

Sobre todo en un ambiente en el que la vulneración a bases de datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) e instituciones educativas han generado preocupación e incertidumbre en la población.

En muchos casos, los ataques pueden operar durante meses sin ser detectados, lo que implica que cuando se manifiestan públicamente, el daño ya está hecho.

Esta iniciativa es bien recibida, pero de nada servirá si se queda en el papel. El reto será que esas directrices se conviertan en una cultura institucional de prevención, detección y respuesta real.

Todo este contexto se agrava aún más si recordamos que el Estado administrará datos biométricos cuya vulneración es irreversible, ya que son datos únicos e irrepetibles.

Si el gobierno quiere fortalecer la confianza de la sociedad en sus acciones, debe dar pasos concretos para mostrar que existen herramientas que se adaptan a las circunstancias que vivimos con el avance de la tecnología, incluyendo la inteligencia artificial.

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