La Rosa de (Rodolfo) Fierro
“¿Entonces usted anduvo en la revolución? ¿Que si anduve?, yo estuve dentro de ella hasta que quise. ¿Era soldadera? No señor, yo era puta… ¿Cómo dijo? ¡Puta” ¡Puta!” . Doña Rosa
Se pierden al calor de los cuerpos y la frescura de la noche; ese primer contacto marcó el futuro de una relación afectiva; él encontró un oído atento y comprensión; ella un hombre que le respetaba dándole su lugar como mujer.
Rodolfo Fierro fue lugarteniente de Villa, su mano derecha según cuenta Rosa, la mayor parte de los actos «descarnados» que le atribuyen obedecieron a las decisiones de Francisco Villa, entre ellas los fusilamientos.
Mezclar literatura e historia no es sencillo, lograr un equilibrio entre ambas requiere de una capacidad conceptual y creatividad en la redacción que Mario Alvarado logra no sin dificultad.
Lo conocí en “Los Portales” hace ya algunos ayeres, café ubicado a espaldas de la Plazuela Obregón en el centro de Culiacán, siempre con su palomilla de literatos, historiadores y vagos (diría él), haciendo más barullo que la batucada en el estadio de fútbol.
De todos los escritores de novelas históricas es el autor que se lee con gran satisfacción y fluidez, aborda el pasado, no como un tratado enciclopédico con más citas textuales que contenido propio, sino como materia viviente, atractiva, ligera.
















