De ahí que hablar de las mejores películas que yo vi –subrayo: yo– no sea más que el trazo de unas cuantas pinceladas del cine del 2025 y, a la vez, una mera invitación a la discusión.
de ver. Es un artefacto con mayor factura artística e intelectual, pero no gozará del gusto popular que sí tendrá ‘Una batalla tras otra’, pues esta última resulta mucho más amena.
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Cada año se exhiben tantas que hablar de las ‘mejores películas’ puede parecer una exageración pretenciosa, aunado al hecho de que a veces no son verdaderamente un consenso artístico –ojalá así fuera–, sino el reflejo de los gustos y sensibilidades populares, o caprichos individuales, y peor aún, que, al ser tanta la oferta, por fuerza es casi imposible ver todas las cintas.
Empezaré con dos películas que retratan el mundo actual de polarización política: ‘Una batalla tras otra’ de Paul Thomas Anderson y ‘Eddington’ de Ari Aster. Ambas son sátiras políticas de nuestras sociedades. La primera de ellas, ‘Una batalla tras otra’, no es la mejor película de Paul Thomas Anderson, yo prefiero la que considero su mejor película, ‘Petróleo sangriento’ (There Will Be Blood, de 2007), o bien, una película suya muy sutil como ‘El hilo fantasma’ (Phantom Thread, de 2017). En ‘El hilo fantasma’ se expone una contradicción apasionante y enfermiza sobre hacer daño a quien amamos en los juegos de poder del amor: la protagonista envenena a su pareja para ejercer una manipulación invisible en él y mantenerlo a su lado. Eso trae a mi mente, por cierto, otra película, ‘Amour’, de 2012, del austriaco Michael Haneke, que, aunque en otro sentido, también retrata el daño a un ser querido, pero va aún más lejos, pues en Haneke el daño no tiene fines de manipulación, sino que se llega al homicidio presentado como un acto de amor. Algo casi inaprehensible, inconcebible, incomprensible.
‘Una batalla tras otra’ de Paul Thomas Anderson, comparada con otras de sus mejores películas, es menos profunda y sutil. Presenta, en un tono de burla y divertido, dos bandos: por un lado, un grupo de izquierda que busca la revolución, violentamente pero también ingenuamente; y por otro lado, la extrema derecha, racista, radical y xenofóbica.
Bob Ferguson (Leonardo DiCaprio) es un revolucionario trasnochado y patético, adicto al alcohol y a la marihuana, cuya hija es secuestrada por el coronel Steven Lockjaw (Sean Penn), el villano de la historia, cuadrado, simplón y caricaturesco, integrante de un movimiento supremacista blanco que desea ingresar a una secta política secreta.
El hecho de que al final de la historia el orden se reestablezca, es decir, un final feliz en el que todo concluye como al inicio, con la cotidiana convivencia entre padre e hija, resulta ser su punto más débil, pues no hay una gran revelación o aprendizaje, salvo para la hija (lo cual no se profundiza). Es casi una película de acción, frenética y entretenida, eso sí, y que se deja ver muy bien.
Esta será quizás la película favorita de Hollywood de este año. Pero es una película, aunque muy buena, con demasiado bombo y platillo, sobre todo si la comparamos con otros años, pues, para mí, ‘Anora’ de Sean Baker del año anterior (2024), fue una mejor película, una verdadera obra de arte cuyo final está a la altura de lo sublime; y en ese sentido ‘Anora’ y ‘Vidas pasadas’, de 2023, de Celine Song coinciden en emplear un llanto final como forma de catarsis (una experiencia estética para el espectador que culmina en un bello desbordamiento emocional).
Si ‘Una batalla tras otra’ es, por lo tanto, una pequeña historia, apenas una anécdota ligera, en cambio, la otra película que deseo comentar, ‘Eddington’ de Ari Aster (director de otras películas como ‘Midsommar’, de 2019), trata el mismo tema, pero de forma más profunda, y no por ello menos satírica. ‘Una batalla tras otra’, en ese sentido, se parece a ‘No miren arriba’ (‘Don’t look up’, de 2021 de Adam McKay) al criticar de forma disparatada y divertida nuestras sociedades estúpidas de la posverdad y polarizadas, rayando en la caricatura. ‘Eddington’, aunque también es una sátira política, no es una caricatura, es más bien por momentos terror social y resulta incómoda
En un pequeño pueblo ficticio de Estados Unidos, llamado Eddington, se enfrentan dos personajes: el sheriff Joe Cross y el alcalde Ted García. La película no deja títere con cabeza y critica mordazmente a todos los sectores de nuestras sociedades modernas por igual: hace pedazos a los conservadores, a los racistas, a los conspiracionistas, así como a los adeptos de sectas religiosas, pero también a la izquierda woke, a los activistas de sofá, y en general, a las decisiones estúpidas de cualquier bando. Quizás la única falla es que la película incurre en una contradicción que, aunque vuelve más vistosa la historia, en realidad debilita el argumento: en el tercer acto, la trama da un giro en virtud de la aparición de un grupo secreto que ejecuta una tentativa homicida.
La crítica al conspiracionismo termina anulándose, siendo un balazo en el pie, al cerrar la película recurriendo precisamente a una conspiración. En cualquier caso, ‘Eddington’ es una gran película que retrata nuestras posturas políticas actuales como lo que son: locuras casi de terror.
Otras dos películas que me gustaría mencionar, más fáciles de ver y de entretenimiento, son ‘Frankenstein’ (de Guillermo del Toro) y ‘F1’ (de Joseph Kosinski). De ‘Frankenstein’ no diré nada más, pues ya escribí una reseña al respecto anteriormente y que se puede leer aquí (https://oem.com.mx/elsoldemazatlan/analisis/frankenstein-o-la-compasion-26851691). Ahora bien, si el año anterior, 2024, la película de mayor entretenimiento fue –a mi gusto– ‘Dune (parte 2)’ de Denis Villeneuve, de la que también escribí una reseña aquí (https://oem.com.mx/elsoldemazatlan/analisis/los-rostros-infinitos-del-heroe-13007990), en cambio, este 2025, la única película de acción que ha logrado emocionarme en esa misma proporción fue ‘F1’.
‘F1’ es, así, un evento cinematográfico, digno de ver y disfrutar. La película aborda la vida Sonny Hayes (Brad Pitt), un piloto, envejecido y fracasado, que es convencido de regresar a las carreras de Fórmula 1. El director de esta cinta es, como dije antes, Joseph Kosinski, el mismo que dirigió Maverick (otra película extraordinaria de acción, estelarizada por Tom Cruise).
Parece que ambas películas, ‘F1’ y ‘Maverick’, comparten dos cosas: la capacidad, sin duda, de Kosinski de capturar la emoción de la velocidad, por un lado; y por otro lado, el mismo tema en común: la vejez. Sin embargo, ‘F1’ va bellamente aún más lejos: es una película sobre el éxito, o mejor dicho, el fracaso. Vivir y aceptar ser segundos, ser segundones, ser fracasados, con los pequeños éxitos y victorias que da la vida. ¿Y qué más quiere uno en la vida sino esto último: las pequeñas-grandes victorias de nuestras vidas? Es una idea muy bella. Y aunque el personaje de Brad Pitt parece plano, luego si se toma en cuenta esta premisa, su personaje y la película agarran un vuelo, impulsado por sus escenas de acción, un vuelo, repito, lleno de intensidad.