Destaca la gran influencia que ejerció el teatro español de la época de oro, la mejor literatura gestada en nuestra lengua, no fue casual que entonces se escribiera Don Quijote de la Mancha por el célebre Miguel de Cervantes abarcando la época renacentista y barroca.
«Las Caballerías de la revolución» sigue siendo al día de hoy la obra más compleja sobre la vida personal y trayectoria revolucionaria de Rafael Buelna; Óscar Liera en «el oro de la revolución» habla a su manera del libro de Valadés.
Rafael Buelna rompe los candados del internado del Colegio Civil Rosales donde se encontraban los estudiantes para salir a protestar contra la imposición de Diego Redo, y manifestar el abierto apoyo al candidato liberal José Ferrel.
Lo cómico de la obra es que no se concluye, mejor dicho, termina de una manera inesperada. Interrumpida por el síndico, da una arenga sobre el tema revolucionario mientras reina el desconcierto entre los actores y espectadores, además de los lectores.
La presencia del síndico permite a Liera dejar la historia del libro de José C. Valadés con su héroe Rafael Buelna en plena lucha, con esa faceta se queda y transmite, la gallardía del joven de Mocorito.
A su vez, lanza el aguijón crítico característico en sus obras sobre el presente, la oratoria del síndico juega el contraste entre la lucha revolucionaria de Buelna y la corrupción de los políticos triunfadores de la gesta de 1910.
El discurso, continuidad de las viejas narrativas donde destaca la esperanza para los de abajo: «Todo esto hasta que la canción, con su fuerza y su brillantez opaque al necio que patentiza el ridículo que hacen nuestros oradores cantores del sistema».
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Liera es contracultura, una transgresión constante, un agente desestabilizador del establishmentJavier Velázquez
Entre mis amistades de los años juveniles destacan algunos actores, el contacto con ellos me permitió acercarme al teatro como espectador, jamás (uno conoce sus límites) me dio la tentación por actuar en un escenario, a pesar del impacto comunicativo de este arte al caracterizar personalidades diferentes, así como la creación de mundos, un demiurgo.
Con ellos se gestó un ambiente donde leer teatro y poesía era el pan de cada día; los versos contenidos en los tres tomos de «Inventarios» de Mario Benedetti eran el deleite de las puestas de sol, le seguían «los veinte poemas de amor y una canción desesperada» de Pablo Neruda, así como el «hoy me gusta la vida mucho menos, pero siempre me gusta vivirla» de César Vallejo.
Sobre dramaturgia Shakespeare era el pilar en las conversaciones, las tragedias de «Hamlet» y «el Rey Lear» destacaban por encima del resto; se sumaban los dramas innovadores del maestro del cuento corto Antón Chéjov; las sugerentes ambientaciones épicas del teatro de Bertolt Brecht; la sátira demoledora de Moliere; el modismo regionalista de García Lorca en «bodas de sangre»; la relación psicológica entre el torturado y el torturador en «Pedro y el Capitán» de Benedetti; el método para preparar al actor de Konstantin Stanislavski (conmigo nunca tuvo efecto), las tragedias griegas vigentes dese Eurípides hasta Sófocles; y por supuesto las obras del maestro sinaloense Óscar Liera.
Embobado en otras lecturas, buscaba una orientación que me permitiera recrear o imaginar los mundos posibles que sólo el arte puede aportar, Liera no estaba entre mis inclinaciones, a pesar del gran respeto que se profiere, especialmente en Culiacán.
Recién, en un intento por escarbar en la producción artística de la región me tope nuevamente con Liera; la mirada era distinta, por consecuencia la interpretación; la experiencia en referentes incide en tener una visión más compleja y completa del autor, fue el caso del dramaturgo nacido en Culiacán, cerca de la estación de ferrocarril.
Leer a Óscar Liera, en escena sólo he visto «Los Camaleones», interpretada por la talentosa actriz María Magdalena, nos introduce a una combinación de elementos que van desde la historia nacional a los modismos regionalistas, las expresiones culturales del noroeste, articulados por una idea renovadora del teatro donde pasado y presente se fusionan en temas de actualidad.
En Liera el teatro lo abarca todo, más que un espejo de la vida es una síntesis creativa de ciertos fragmentos sociales. En el prólogo del libro «Pez en el agua» (Antología personal), editado por la Universidad Autónoma de Sinaloa en 2015, Ilda Elizabeth Moreno y Gabriela Morfín Dammy nos hablan de la vida del dramaturgo, cómo «el cine de los húngaros» impactó en su mente al grado de definir, desde su tierna infancia, lo que sería su camino.
Óscar Liera tuvo una formación excepcional, de amplia cultura universal, valiéndole de fundamento para crear obras de rupturas en el plano nacional. Dramaturgo, docente, formador de compañías de actores, investigador, poeta, con experiencia en universidades europeas, prosista, crítico social, entre otras facetas, constituyen la personalidad de este genio cobijado por el bullicio del mercado Garmendia, el ambiente crítico de la Universidad, el sofocante calor de las tardes de Culiacán; el remojo de las aguas de los ríos Humaya y Tamazula.
Si Jesús “Chuy” Andrade es considerado como el poeta romántico de Sinaloa, y Enrique “el Guacho” Félix el prosista con voz elegante, musical y armónica; Óscar Liera el dramaturgo crítico de las costumbres sociales y políticas; representó tras bambalinas las realidades sinaloenses.
“Chuy” Andrade presagió el futuro de Álvaro Obregón cuando pasó por las calles de Culiacán; Félix Castro enalteció el temple de la juventud sinaloense; Liera denunció los atropellos de los gobernantes; su palabra no era la voz grotesca del carnicero del mercado, ni estridente como los voceros de los pasillos escolares, mucho menos vulgar como los llamados representantes del pueblo en las urnas; era la voz del artista: “Óscar es el dramaturgo fundador de la crítica social a través del sueño y el mito”, concluyen Ilda Elizabeth y Gabriela Morfín.
Nació el 24 de diciembre de 1946 en la ciudad de Culiacán, misma donde falleció el 5 de enero de 1990, entre otras cosas relacionadas con el teatro, Óscar Liera llevó a escena la novela histórica de José C. Valadés, una especie de recreación literaria de «Las Caballerías de la revolución».
La obra de José C. Valadés habla de la vida revolucionaria del joven general nacido en Mocorito, Rafael Buelna Tenorio. En el teatro sucede como en el cine, cuando se basa en una novela, importa saber elegir qué se retomará y cómo se comunicará al espectador la idea que pretende el autor. En «el oro de la revolución», Óscar Liera sintetiza la vida guerrera de Buelna, desde los años en el Colegio Civil Rosales en Culiacán hasta sus desencuentros con Álvaro Obregón por sus ambiciones de poder.
Óscar Liera explota las formas en el teatro con una genialidad donde lo lúdico de la representación hacen recordar la recreación que hizo Milán Kundera de Diderot en «Jack y su amo». No son variantes de una obra, no pretende imitar o llevar al teatro la idea cabal de Valadés, son recreaciones donde el autor, en este caso Liera, realiza ajustes a un texto (novela histórica), incorporando elementos personales para presentarlos a un público de una época diferente tanto a la de Valadés como del periodo revolucionario.
«El oro de la revolución» inicia con el dialogo entre los personajes, después estos personajes asumirán otras personalidades en un ir y venir del presente al pasado, en un juego escénico maravilloso. Los cambios del tiempo determinan a los personajes, a veces no perceptibles a simple vista, a pesar del lenguaje coloquial que se utiliza.
La interacción entre los personajes o la doble personalidad que asumen cada uno de ellos, le da un dinamismo atractivo a la obra de teatro donde se participa en distintos cuadros que conforman el escenario, y entre los espectadores hay actores que esperan su momento para salir a escena, todo fríamente calculado con anticipación.
Entre el público y los actores (independientemente de qué personajes representen) hay un vínculo constante, una relación que va modificando escenas y escenografías, y entre un cambio y otro se va narrando la historia de la revolución mexicana, en específico de la participación de Buelna Tenorio en ella.
Decía en otro momento, contar la historia pasa a segundo término para darle prioridad al cómo se cuenta esa historia. Liera lo tiene claro, se trata de enaltecer la figura romántica del General Rafael Buelna más allá de los detalles que enloquecen a cronistas e historiadores. Liera es artista, salta por encima de ellos, le importa solamente resaltar su héroe haciendo partícipe al público de la obra que se monta.
La ambientación histórica juega su papel en esta recreación, la muerte del dictador porfirista Francisco Cañedo, abrió las puertas para democratizar la vida de las instituciones del estado, surge el movimiento liberal encabezado por José Ferrel, al cual apoya firmemente Rafael Buelna.
A su regreso de la Capital del país, Diego Redo trae el respaldo de la cúpula política porfirista, en especial del ministro de Hacienda, José Ives Limantour. Se le hace un recibimiento en la estación de ferrocarril de Culiacán para presentar oficialmente su candidatura a la gubernatura del estado de Sinaloa.
Buelna es expulsado definitivamente del Colegio, emigró a Guadalajara para continuar con los estudios, luego a la Ciudad de México, sorprendido en ese lapso fuera de Sinaloa por el inicio de la revolución encabezado por Francisco I. Madero; comenzando así su meteórica participación al lado del maderismo (y sus amoríos en Tepic con Luisa Sarría), después con los Constitucionalistas hasta enfrentarse con la fracción ganadora compuesta por la alianza Carranza-Obregón.
Rafael Buelna fue un rebelde en toda la extensión de la palabra, quizá Óscar Liera se sentía identificado con el llamado popularmente “granito de oro”. Sentía a fondo las penurias de los desprotegidos de un sistema que selecciona a pocos y desecha a muchos, quienes no caben en ningún lugar, salvo como mano de obra barata.
Óscar Liera también cuestiona la actitud mezquina del artista al servicio del poder; los llamados “cantores del sistema”. El arte es actitud, ética, pero también creación, renovación de las expresiones. Ambos aspectos van de la mano en la vida y producción teatral de Liera; con él la dramaturgia sinaloense llegó a los más altos estándares estéticos, comunicativos y pedagógicos, fue un punto de inflexión en la historia cultural de Sinaloa donde la escena teatral, los parlamentos y exigencia actoral sufrió una sana renovación que hasta el día de hoy resuenan sus ecos de enseñanza.