Análisismiércoles, 25 de enero de 2023
Cable Diplomático | Nueva Relación
ÚLTIMAS COLUMNAS
Más Noticias
COLUMNAS
CARTONES
LOÚLTIMO
Newsletter
¿Te quedas fuera de la conversación? Mandamos a tu correo el mejor resumen informativo.
La semana pasada establecimos parámetros muy claros sobre los cuales habría de avanzar la relación bilateral entre México y Estados Unidos. Faltan todavía más de 18 meses para que terminen las administraciones de ambos lados de la frontera y las prioridades de los dos son muy claras: cooperación con intercambios sumamente definidos: seguridad fronteriza a cambio de apoyo a la agenda interna. Y en ese mismo orden de ideas, podemos también establecer que el tema más relevante en la actualidad en este intercambio entre ambos es el juicio al exsecretario García Luna, encargado de la seguridad y combate al crimen en nuestro país en Nueva York y lo que se pueda derivar de ello en términos políticos. Cuando la semana pasada establecimos que habría apoyos claros a la agenda política nacional, precisamente esta es una materialización ilustrativa de lo anterior. Ahora bien, en México este tema ha tenido mucha más difusión que en los Estados Unidos por razones obvias.
¿Qué podemos esperar en semanas venideras? La realidad es que el estado de cosas en la correlación de fuerzas entre la Ciudad de México y Washington no cambiarán mucho. Los mismos axiomas de cooperación seguirán operando entre la Casa Blanca y Palacio Nacional, puesto que, de una forma tácita, estamos viendo el resultado de la negociación y las posiciones que ambos gobiernos tienen frente al otro.
En mi opinión, los factores que pueden alterar el rumbo de la cooperación binacional no son políticos, por increíble e inusual que parezca. Lo estamos viendo con una claridad sin igual. Mientras la cooperación política sigue su curso, lo que puede realmente afectar son factores externos a ambos, como puede ser la economía, las tasas de interés o la inflación. Como pocas veces hemos visto una forma de cooperar entre ambos países en la arena política como ahora y vale la pena mencionar que son entonces las condiciones externas las que habrán de marcar el rumbo a seguir.
En segundo lugar, el equilibrio que se ha alcanzado hasta el momento tiene que ver con la situación interna de ambos países, y es precisamente allí donde se encuentra el principal detractor de ambos: la polarización interna. Lo dijimos antes, pero vale la pena señalarlo: ambos gobiernos enfrentan una férrea oposición política en su propio país y ello podría llegar a tener consecuencias, en todo caso, en materia de percepción (misma que determina la propia realidad política). Si la gente percibe las cosas diferentes, entonces también juzgará a su gobierno de forma diferente y, por ende, exigirá cosas distintas. En esa medida ambas administraciones enfrentan presiones similares. Debo reconocer que pocas veces hemos visto un equilibrio como el actual, en donde el exceso de pragmatismo resulta benéfico para los dos. No es necesariamente el estilo que me parece debe prevalecer en las relaciones internacionales globales en el largo plazo, pero quizá de forma contra-intuitiva hay que admitir que la relación entre nuestros países es tan complicada, que una sobre simplificación de los temas de interés común ha resultado a favor de los dos lados hasta hoy. Una paradoja.