El mundo tiene una crisis de liderazgos y de formación de cuadros capaces de hacer frente a los retos y desafíos que vienen en el futuro. Cuando la gente de cada país voltea a ver a su clase política cada vez encuentra menos opciones que le parezcan adecuadas para gobernar y por ende terminan eligiendo a quienes creen que lo harán de forma relativamente decorosa, o votarán por quienes piensen que les traerán mayores beneficios personales. A esta forma de pensar se le conoce como “teoría económica de la democracia” concebida por Anthony Downs hace algunos años, donde explica las razones que tiene la gente para tomar las decisiones que toma, especialmente en términos electorales.
Por otro lado, Norberto Bobbio nos dice que para que exista una democracia real, las personas no solamente necesitan elecciones libres, sino opciones de las cuales escoger. Pero ante la crisis de liderazgos que acabo de mencionar, se termina por escoger aquellas opciones que les parecerán mejores individualmente. Pero esto no resuelve el problema de fondo. Solamente lo va alargando y lo va volviendo cada vez más complejo y complicado y al final del día, las opciones políticas que tenemos serán radicales o cargadas ideológicamente.
Esto es precisamente lo que está ocurriendo en Estados Unidos donde las opciones políticas se han reducido y en este caso, los demócratas no tienen un liderazgo unido que les permita avanzar en términos políticos. Si bien a muchos no convence el ala radical y de extrema derecha y conservadora del Partido Republicano, tampoco tienen una opción plausible del otro lado que se identifique con ellos; ante un discurso que no logran comprender, entonces aplican un marco lógico sumamente básico y eligen – como dice Downs – la opción que creen que para ellos es mejor (especialmente en términos económicos).
La crisis política del Partido Demócrata, donde las posturas ideológicas no logran consolidar a un cuadro eficaz que logre disputar el liderazgo rumbo a las elecciones legislativas de Noviembre, aunado a una profunda preocupación por el galopante aumento de la inflación y la alzada de precios y de costos en el país, desmorona las oportunidades de revertir los negativos de la actual administración. Luego entonces, el único liderazgo actual es el del Presidente en turno frente a a una agenda militante republicana que buscará radicalizar aún más el espectro político, sin importar el nombre que sea. Y ante la falta de opciones demócratas que logren unificar a la causa, la gente terminará por escoger aquello que le suene más conocido, porque pensará que individualmente le irá mejor, independientemente de lo que pase en el país.
Romper este círculo vicioso es difícil. A todos queremos que nos vaya mejor. Luchar contra ello sería ignorante e inútil, pero al menos, una manera de revertir esta polarización sería creando y consolidando otras opciones políticas que apelen a un público más amplio, con políticas moderadas y lenguaje más simplificado. A veces pensamos que las decisiones electorales son tremenda complejas, cuando suelen ser todo lo contrario: extremadamente sencillas si entendemos los mecanismos de acción.