Covid-19: ¿quién tuvo la culpa?
Por: Miguel Ruiz Cabañas
Asociado COMEXI
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónMientras el virus del Covid-19 continúa causando estragos en muchos países, se incrementan las recriminaciones entre gobiernos sobre quién es el responsable último de que el virus se haya expandido por todos los rincones del mundo. Estados Unidos acusa directamente a China de haber ocultado información durante varias semanas sobre el surgimiento del virus.
También acusa a la Organización Mundial de la Salud (OMS), de ser cómplice en ese supuesto ocultamiento de información, que le habría impedido prepararse adecuadamente para enfrentar la epidemia. En consecuencia, el Presidente Trump ha decidido presionar a la OMS para que le presente un plan de reformas en 30 días bajo la amenaza pública que, de no hacerlo a satisfacción de su gobierno, cortará todos los fondos a la OMS. Obviamente, si esto llega a suceder se afectará, en el momento que más se necesita, la capacidad de la Organización para apoyar la cooperación internacional para hacer frente a la pandemia.
Es difícil encontrar otros ejemplos tan evidentes del fracaso de la cooperación entre las naciones para hacer frente a un enemigo común. Después de todo, Covid-19 amenaza a todos los estados, y debería ser visto como el enemigo común por excelencia, como si fuera un invasor extraterrestre. En lugar de eso, día a día crece la confrontación entre China y Estados Unidos iniciada antes del Covid-19, pero seriamente agravada por la pandemia. Incluso, muchos expertos temen de que estamos presenciando el inicio de una nueva “Guerra Fría” entre las dos grandes potencias.
Covid-19 es el símbolo de la etapa más avanzada de la globalización, y algunos de sus costos. Nunca en la historia de la humanidad había existido una amenaza a la salud, a la seguridad humana, a la supervivencia misma de todos los seres humanos, al mismo tiempo. Nunca habíamos visto que la salud y el bienestar de todos los gobernantes del mundo, - presidentes, reyes, emperadores, primeros ministros y dictadores -, se hubiese visto amenazada, junto con la suerte de las poblaciones más marginadas de las naciones más pobres de la tierra. Aunque en forma desigual, nunca habíamos visto que las economías de todas las naciones sufran tanto por la misma causa. Ni en la gran depresión de 1929.
La pandemia del Covid-19 es un nuevo tipo de amenaza, no tradicional, a la seguridad internacional, a la seguridad de los países y a la seguridad humana de todos. Por lo tanto, el plan global para hacerle frente tendría que definirse no sólo en la OMS, sino en la Asamblea General de las Naciones Unidas y en el Consejo de Seguridad. Por eso la reciente iniciativa mexicana de presentar una resolución en la Asamblea General de la ONU para pedir mayor cooperación internacional para hacer frente a la pandemia fue un gran acierto. Y el hecho de que una amplia mayoría de países decidiera unirse a la propuesta muestra que casi todos los gobiernos comparten el punto de vista mexicano. Esperemos que haya un adecuado seguimiento.
Todos vimos que el Presidente Trump fue uno de los más conspicuos representantes de la corriente de gobernantes populistas-negacionistas, que durante varias semanas minimizaron la magnitud de la amenaza del Covid-19. Quizá creyó que sus adversarios magnificaban el reto para descarrilar su proyecto de reelección. En consecuencia, durante los primeros meses del año no hizo casi nada para evitar que la pandemia se extendiera en su país. No tomó en serio el carácter exponencial de la amenaza, y ahora Estados Unidos registra el mayor número de víctimas en todo el mundo.
A diferencia del pasado reciente, con los virus del SARS y el Ébola en 2003 y 2016, Trump se negó a que Estados Unidos encabezara la respuesta global a la pandemia. Hasta hoy continúa rechazando que su país participe en los esfuerzos de otras naciones para encontrar una vacuna contra al Covid-19. El nacionalismo excluyente de Trump es la principal causa de la llamada crisis del multilateralismo. Ha llevado a muchas organizaciones internacionales, y en particular a las que forman parte del sistema de las Naciones Unidas, a su crisis histórica más profunda, apareciendo como instituciones irrelevantes, sino es que directamente responsables de la tragedia del Covid-19. Cuando más se necesitaba una respuesta global para hacer frente al enemigo común, se relega a la OMS al papel de paria.
Sin lugar a dudas, las acusaciones de Trump y muchos otros países sobre una falta de transparencia de China a la aparición del virus en su provincia de Wuhan a fines del año pasado, deben ser investigadas y aclaradas. China no ha dado una respuesta integral a esas acusaciones. Su cooperación con la OMS ha sido limitada. Pero esa tarea de investigación amplia, imparcial e independiente del origen del virus sólo la podrían hacer de forma imparcial instituciones multilaterales como la ONU y la misma OMS.
El hecho de que se discuta el verdadero origen y desarrollo de la pandemia revela que al menos falta claridad y celeridad en los métodos y procedimientos que los países y la OMS, junto con la ONU, deben aplicar para hacer frente a este nuevo tipo de amenazas a la seguridad de todos. El desarrollo de la pandemia muestra que hay margen para mejorar la coordinación entre las agencias especializadas de las Naciones Unidas, en este caso entre la OMS y la ONU.
Se requiere fortalecer las capacidades científicas y médicas de la OMS, no tratar de destruirla. Urgen protocolos de alerta temprana aún más expeditos y transparentes, para lograr una mejor respuesta internacional frente a las nuevas pandemias. Es muy posible que el mundo está apenas adentrándose en una nueva etapa de pandemias producidas por virus para los que no se cuenta ni con el conocimiento científico para diagnosticarlas adecuadamente, ni con los tratamientos adecuados para sanar a los contagiados, ni con las capacidades en equipo y recursos humanos para derrotarlas. La pandemia del Covid-19 ha cimbrado las estructuras de los sistemas de salud y la economía de todos los países.
Ninguna nación, por poderosa que sea, podrá derrotar definitivamente a este nuevo tipo de amenazas en forma aislada. Se requiere que el Consejo de Seguridad colabore con la Asamblea General en la adopción de nuevos estándares de cooperación internacional. La pandemia también está evidenciando la debilidad de los sistemas alimentarios de muchos países, que pronto podrían ser víctimas de crisis alimentarias muy graves. Se requiere la creación de sistemas de alerta temprana con la colaboración más estrecha de las organizaciones alimentarias basadas en Roma, la FAO, el FIDA y el PMA, con el Consejo de Seguridad y la Asamblea General.