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Análisislunes, 6 de abril de 2026

El Espectador / El mandato del testamento Gelman

El testamento fue conocido por algunos especialistas y se ventiló como parte de los juicios en México y Estados Unidos.

En otras palabras, Robert Littman se convirtió en dueño y administrador de la colección por virtud del testamento de Natasha Gelman.

El testamento sujeta el legado a dos condiciones. La primera exige que la colección se conserve en su totalidad, es decir, que las 95 obras no se dividan.

La segunda establece que deben exponerse en un museo o centro cultural de carácter privado accesible al público en general.

Lo que el testamento no contiene —y este punto ha sido sistemáticamente malinterpretado en el debate público— es ninguna exigencia de que las obras permanezcan en México.

Es más: la cláusula quinta del documento prevé específicamente la posibilidad de exhibirlas fuera del país, conforme a las autorizaciones legales correspondientes.

Sobre la validez jurídica de ambas condiciones existe además un argumento de fondo. El Código Civil de la Ciudad de México permite a un testador imponer condiciones a herederos y legatarios, pero establece que ciertos tipos de restricciones se consideran no escritas.

La segunda condición, por su parte, se satisface con el acuerdo actual entre la familia Zambrano y Banco Santander, que prevé precisamente la exhibición en museos con acceso público.

Y aun si ambas condiciones se consideraran válidas en su momento, su alcance jurídico se limitaría al propio Littman como legatario original, sin efecto vinculante sobre adquirentes posteriores, como los Zambrano.

Con ese marco legal de fondo, los hechos posteriores a 1998 se leen de manera distinta a como suelen presentarse.

En 2023 Littman llegó a un acuerdo con la familia Zambrano de Monterrey para la transmisión de parte del acervo.

El debate que todo esto ha generado en la comunidad cultural mexicana parte de una premisa que los documentos no sostienen del todo: que el testamento de Natasha Gelman exigía que las obras se quedaran en México para siempre.

Lo que el testamento establecía era más acotado, y en cualquier caso aplicable solo al legatario. Parece que es momento de tener la conversación incómoda de una ley obsoleta y que sólo genera problemas.

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