¡Es una emergencia, paramédico en ruta!
Las emergencias en la Ciudad de México se tratan siempre como Covid. Así se vive un día de trabajo como paramédico en Iztapalapa
Roberto Hernández / El Sol de México
-Soy Eduardo Vigueras, soy paramédico operador y soy…
Lo interrumpe una orden en el radio.
-Permíteme… Adelante a la base… R10, R10 a la unidad, a la unidad…
Retoma la plática.
Actualmente tienen 14 unidades, tres de ellas son para traslados Covid: vienen forradas en plástico, aisladas en la cabina de la cajuela y traen lo que ellos llaman "burbuja", es decir la cámara donde aíslan a los pacientes.
A la charla se suma Karina Estrada, también paramédico de la alcaldía con dos años de experiencia, antes trabajaba en la Cruz Roja.
Se preparan y protegen con todo lo que está a su alcance, acuden al llamado. En todo momento se van coordinando por radio con los distintos cuerpos de emergencia y atención ciudadana por radio, celular o chats.
-¡K6, K6! voy en camino.
La clave para pedir ubicación es respondida. Llegan al lugar, hablan con los familiares, piden información del paciente, antecedentes, enfermedades, algún problema crónico.
Uno de los problemas que les ha generado mayor conciencia ante la pandemia, es que no se conoce la condición de los pacientes, que incluso ni ellos mismos saben.
Los paramédicos toman nota del paciente, hacen un prediagnóstico, y mientras lo siguen revisando, reportan el caso. Piden se haga el proceso para recibir al paciente en un hospital que no eligen ni los paramédicos ni los familiares.
La familia entró en crisis. Les da miedo que por ser hospitales Covid, se contagien, pero la mayoría acepta. Mientras, un policía da cuenta de lo que sucede para reportar… es el único que no porta un cubrebocas.
Eduardo y Karina terminan el traslado y regresan a la base donde todo se desinfecta.
Mientras esperan el siguiente servicio en la base, ellos platican, se ríen, se cuentan los últimos chismes, bromean, platican lo que les pasó en el trabajo. Se divierten, sufren, ríen y lloran, hay mucho compañerismo.
Llega la pizza, comerán juntos. Pero apenas pasan bocado, cae otro reporte.
Un niño de 3 años no reacciona. Los valoran y se dan cuenta que tiene una infección en la garganta, fiebre de 40 grados y debilidad, otra vez, se ha vuelto un caso de posible Covid. Pero la familia decide que no sea trasladado a un hospital.
Durante la emergencia, ella ha sido agredida física y verbalmente. Al verla con el uniforme le aventaron cloro, también ha recibido insultos.
-Incluso hay personas que aún dicen que no es real, ¿cómo se sienten?, pregunta el fotógrafo
Hay otro llamado. Durante el camino y manejando velozmente, el paramédico relata sereno de qué se trata su trabajo y sus experiencias. Todo con el sonido de la sirena de fondo que contrasta con la tranquilidad que él emite.
Después Eduardo explica que a veces llegan antes las ambulancias de servicios privados, o las conocidas como ambulancias patito, que prestan el mismo servicio, pero cobran. Incluso han sido agredidos por los paramédicos de estos servicios privados.
Para él, atender una volcadura le representa un reto por la adrenalina en el momento, pero confiesa que un paciente enfermo es un desafío mayor que un paciente traumático.
Al día de este par de profesionales le resta sólo una emergencia más por atender. Minutos antes de una intensa lluvia, los han solicitado para auxiliar a un hombre que cayó en una obra particular.
Logran subirlo a la ambulancia, pero en apenas pocos minutos toda la calle está afuera de la casa atenta del accidente.
Durante el trayecto no dejan de ver por la salud del hombre, a pesar de que se queja porque “no lo dejan” hacer lo que él quiere'.
-¡Déjame sentarme, quiero vomitar!
-Vomite señor, no pasa nada, para eso estamos.
- ¡Chinga, párate! Me quiero sentar, no seas mala.
- Señor no se puede mover, por favor, haga caso.
- ¡Pinches cabrones! ¡Déjenme sentarme!
Es un camino lleno de quejas, hasta que en cuestión de minutos llegan al hospital. Al equipo de este diario le toca esperar desde las puertas de emergencia. Mientras, llega otra ambulancia, una atención del ERUM.
“Les traemos otro código blanco”, explican desde la ambulancia para lograr atención. Código blanco es la clave para paciente sospechoso de Covid-19.
“Y aún así la gente piensa que es mentira, ¿¡tú crees!?”, dice Eduardo al regresar de nuevo a su unidad después de dirigir al paciente que, aunque enojado, aceptó ser atendido.
Termina así la jornada de Karina y Eduardo. Hay que entregar la ambulancia y darse otro baño con sanitizante.
A los paramédicos les pega también en el ánimo la pandemia, tienen miedo de contagiar a sus familias y por eso extreman las precauciones al máximo, no les importa recibir un baño de cloro con tal de no poner en riesgo a los suyos.
Eduardo y Karina regresarán de nuevo para el turno matutino, pero piden a todos los que salen a las calles que les ayuden a hacer su trabajo al cumplir con las medidas sanitarias para así cuidarse entre todos.
Con información de Maleny Navarro
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