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El servicio de interrupción legal del embarazo en la Ciudad de México, que alguna vez fue referente, enfrenta actualmente dificultades como atención deficiente, condiciones innecesarias y desabasto de medicamentos. / Archivo / El Sol de México
En 2007, la Ciudad de México era el oasis para la Interrupción Legal del Embarazo (ILE), pero actualmente, el servicio público es de baja calidad con fallas que van desde atención deficiente y condiciones innecesarias para realizarlo, hasta desabasto de medicamentos, señaló Ninde Molre, abogada especialista en derechos sexuales y reproductivos y directora de AbortistasMX.
De acuerdo a las estadísticas más recientes sobre interrupciones legales de embarazo, al menos durante 2024 se realizaron, en promedio, 39 interrupciones diarias en clínicas y hospitales públicos de la capital del país. Históricamente, el rango de edad que más demanda este servicio es de 18 a 24 años.
Ninde Molre explicó que pese a tener casi 20 años de experiencia, la Ciudad de México no cuenta con un servicio de alta calidad, se estancó en el tipo de atención que ofrecen. Por ejemplo, dado la complejidad de la ciudad en su territorio, consideró necesario tener más unidades, pues actualmente son sólo 14 para toda la ciudad cuando llegan mujeres de otros estados.
Opinó que no es posible que todavía haya clínicas donde las mujeres deben llegar en la madrugada para alcanzar una ficha. “Hay varias en las que tienes que ver si alcanzas una cita, eso no puede pasar. Lo que nosotros siempre pensamos es ‘por qué en la madrugada’, porque quieras o no da un mensaje de que esto es incorrecto o clandestino, cuando ya no es así”, expuso en entrevista con El Sol de México.
Otro problema es que afuera de las clínicas es común ver a personas “antiderechos” disfrazadas de médicos o de unidades de ultrasonidos que buscan obstaculizar la decisión de las mujeres y hacen que la experiencia sea todavía más álgida, comentó.
Todos los días, la clínica Beatriz Velasco de Alemán, ubicada sobre la avenida Eduardo Molina, alcaldía Gustavo A. Madero, tiene una fila de mujeres a unos metros de la entrada principal. Llegan desde las 5:00 horas, a algunas las acompaña su mamá, su mejor amiga y en el menor de los casos sus parejas hombres. No falta quien pase por ahí y les grite “para eso hay condones”, “eso les pasa por calenturientas”.
Aunque las mujeres van con la certeza de interrumpir la gestación, adentro de la clínica no reciben información sobre los efectos del medicamento usado para ello, no hay alguna plática para que no teman de su decisión ni orientación sobre la prevención. Al final sólo les preguntan si quieren usar algún método anticonceptivo.
“Tienen que venir acompañadas, es obligatorio; tengan listo su cubrebocas, su pluma negra y su botella de agua”, advierte un policía que abre el enrejado poco antes de las 7:00 horas. En la fila, las jóvenes son abordadas por personas que les dan trípticos en blanco y negro con ilustraciones de mujeres llorando e información sobre supuestos riesgos de abortar.
Aunque las mujeres van con la certeza de interrumpir la gestación, adentro de la clínica no reciben información sobre los efectos del medicamento usado para ello. / Archivo / El Sol de México
El uniformado cuenta máximo 12 personas para entrar, no más, son muchas las jóvenes que quedan fuera y se ven entre ellas como recriminándose por no haber llegado más temprano. Entre las que sí ingresan, hay al menos una que afirma haber acudido días antes, sin lograrlo.
Molre criticó que uno de los requisitos para las mujeres sea ir acompañadas, lo cual, dijo, no tiene sentido, pues muchas de ellas no le cuentan a nadie que realizarán el procedimiento y, si fuera el caso de requerir una intervención, ésta es ambulatoria.
“Esta problemática del aborto si quisiera que se enmarque como en un problema de una crisis de salud importante (…) y que además está un doble estigma de que, aunque han pasado casi 20 años, hay resistencia en personal de salud que piensa que no debe realizarse”, dijo.
Hasta hace unos meses, cuando la Secretaría de Salud de la Ciudad de México tenía bajo su administración una parte de las clínicas en la capital, la unidad Beatriz Velasco de Alemán era la de mayor demanda para realizar interrupciones legales de embarazo, según consta en una solicitud vía transparencia con folio 090163324003185.
Marcha del 8M 2024. / Elizabeth Ruiz / Cuartoscuro.com
Primero, el personal de la clínica forma a las mujeres en un patio donde una carpa resguarda por varias horas a sus acompañantes. A unos pasos de la sala de espera, les advierten sobre no ingresar con celulares, les piden entregarlos a sus acompañantes y, ya adentro, cada una es un número que debe conservar hasta que salen. Iniciado el proceso de enlistado, todo se limita a papeleos, toma de peso, presión, ultrasonido, entrega de condones y de pastillas.
“Señoras, lean bien las indicaciones, para que no se equivoquen, si les falta algún requisito no van a pasar”, advierte una mujer que, en repetidas ocasiones, les dice a las mujeres las posibilidades de que hagan algo mal.
Hasta hace unos meses, cuando la Secretaría de Salud de la Ciudad de México tenía bajo su administración una parte de las clínicas en la capital, la unidad Beatriz Velasco de Alemán era la de mayor demanda para realizar interrupciones legales de embarazo.
Según el Lineamiento Técnico para la Atención del Aborto Seguro en México, que funge como manual para el actuar de las clínicas de ILE, las instituciones públicas o privadas y su personal tienen la obligación de no obstaculizar de manera directa o indirecta el ejercicio del derecho a la salud, refiriéndose al aborto.
El documento indica que la usuaria “podrá estar acompañada por la persona de su elección si así lo desea o si es el caso, respetar su decisión de no estar acompañada salvo por el personal de salud, particularmente en población adolescente”. En la práctica esto no ocurre: dentro de la clínica Beatriz Velasco de Alemán, el policía y una persona encargada del papeleo lo dicen más de una vez, “deben venir acompañadas, si no, no pasan”, tanto así que uno de los requisitos es llevar la copia de la credencial de elector del acompañante.
Son más de tres horas, sin contar las que pasan en la fila de la calle, las que transcurren para que las solicitantes obtengan los medicamentos. Las que requieren procedimiento quirúrgico reciben la orientación para acudir a un hospital, porque en esa clínica no los realizan, a pesar de que la página oficial sobre ILE dice que sí.
Moore detalló que debe haber una reestructuración del programa, para que en las clínicas y centros de salud, que son los más cercanos a la población, se atiendan la mayoría de los casos, los que no requieren hospitalización.