El 2 de octubre y la prensa de 1968
"No corran, compañeros. No huyan. No se muevan. No pasa nada. Estemos aquí"- recomendaban los dirigentes
Miguel Retes Razo / El Sol de México
Entonces -era 1968- uno, el reportero necesitaba traer en el bolsillo un peso, no monedas de cobre de veinte centavos. Una servía para hablar por teléfono. Se estrenaban cabinas -no tan bonitas como las que existían en Londres- que permitían telefonemas discretos.
Seguimos exigiendo justicia: Comité del 68
"¡Cúbralo como mitin!"- le ordenó Santoscoy.
Lo sorprendió observar que a su izquierda a paso veloz se movían numerosos soldados. Llevaban sus armas embrazadas. Era puntual su marcha. A paso veloz. Impasibles. Mecánicos. Obedecían. Seguían a un guía invisible.
"Van a repartir culatazos. Van a dar catorrazos. Van a repartir cates a diestra y siniestra", pensó. Y le dolió la lluvia de golpes.
Cuando la muchedumbre -y desde el tercer piso del edificio Chihuahua los líderes comprobaron la presencia de los soldados- un golpe de temor los alcanzó. El gentío mostró su miedo. Su ansia de huir.
"No corran, compañeros. No huyan. No se muevan. No pasa nada. Estemos aquí"- recomendaban los dirigentes.
Ya nadie los escuchaba. Era tiempo de escape. Una suerte de brusco despertar.
Un disparo. Otro. Y otro más. Tiros. Balazos.
"Deben ser salvas"- se explicó. "Tiros de "a mentis". No pueden matar a nadie..."- se animó.
Pero a su alrededor cayeron, murieron, quedaron mutilados.
-Ya me voy a morir. Ya me llegó la hora-se dijo. Y comenzó a despedirse de padres, mujer e hijos. Imaginarse muerto le liberó. Siguió a ambulantes de la Cruz Roja que con sus petos y emblemas avanzaban con los brazos en alto mientras gritaban:
"¡Cruz Roja...No disparen...Cruz Roja...No disparen!
Y soldados que a culatazos destruían los focos de los andadores de Tlatelolco.
"I am press too...I am press too”. Marcó 78 70 22..78 70 22...
"Mande más reporteros, señor Santoscoy. Esto ya se puso muy feo”- y colocó la bocina al aire cargado de tiros. "¡Cuídese...Cuídese mucho!- le recomendó Santoscoy.
Don Mario Santoscoy envió otros. Colocó cuartillas en el rodillo de la máquina. Atendió cada llamada. Serenó a los reporteros. Se las ingenió para confeccionar una información digna.
El 2 de octubre de 1968 desde su oficina en "El Heraldo de México", el "joven Óscar" -así le trataban sus empleados- exigía:
"¡Que los maten a todos...Partida de comunistas...Bola de rojos...Que los maten a todos… Sí, que los maten a todos”.
Y a este reportero le demandó:
"Y usted no habla con ninguno del periódico. ¿Me oyó? ¡Con nadie!
Algo de ese 2 de octubre.
Que narra -51 años después- quien sí estuvo ahí.
Redactora web y Fotoperiodista egresada de la UNAM. Colaboré con algunas de las casas editoriales más grandes del país e instituciones del gobierno federal.



























