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Méxicoviernes, 9 de septiembre de 2022

Pie de nota | Bajo la Ley del Restaurante

En la medida que los casos de Covid-19 van a la baja en todo el país, o más bien los estamos ignorando o dejando de contar, surge la pregunta si el acaparamiento de la vía pública por parte de restauranteros sigue estando justificada

Erick Ramírez / El Sol de México

Lo que se da no se quita, dice la cortesía popular. Entrada la nueva normalidad, el gobierno de la Ciudad de México deberá evaluar qué hace con las terrazas que permitió poner restaurantes y bares en calles y banquetas.

En la medida que los casos de Covid-19 van a la baja en todo el país, o más bien los estamos ignorando o dejando de contar, surge la pregunta si el acaparamiento de la vía pública por parte de restauranteros sigue estando justificada.

Cabe destacar que en la Ciudad de México se emitieron reglas relativamente claras para la instalación de terrazas dentro de los lineamientos de la estrategia “Ciudad al Aire Libre”.

Ahí se exigió a restaurantes mantener un aforo de 40% respecto a pre pandemia, incluyendo terrazas así como en el interior. Las mesas, en tanto, tendrían que tener una separación de 1.4 metros, limitarse a cuatro comensales y no juntarse.

Las ciclovías estaban exentas de invasión y las banquetas debían quedar con al menos dos metros libres para el paso peatonal.

Lo que hemos salido por un taco recientemente, que somos básicamente todos, sabemos que todo esto es letra muerta.

Restaurantes, banquetas y calles están hoy a máxima capacidad de aforo mientras que los peatones y ciclistas se han convertido en ciudadanos de segunda.

En la CdMx no hay una definición así hasta el momento. Se vive la inercia de la postpandemia auspiciada por un gobierno que no quiere problemas con el poderoso sector restaurantero.

Es entendible. Lo que era una medida para salvar empleos en restaurantes hoy se ha vuelto una fuente de mayores ingresos. De un año a otro los restauranteros aumentaron significativamente sus superficies de venta.

Y donde hay dinero nuevo van a haber resistencias para renunciar a él.

Se puede debatir la pertinencia de quitar las mesas para dejarles las calles a los automovilistas, que tampoco está alineado con un urbanismo moderno.

Sin embargo no se puede seguir así, bajo la Ley del Restaurante. La ciudad es para las personas.

Aquí hay una verdad y esa es que son pocos los que quieren vivir arriba de un restaurante con terrazas sobre la calle y bocinas con punchis punchis interminables.

El Estado de Derecho importa, aunque parezca beneficiar sólo a vecinos quejumbrosos.

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