La ofensiva israelí se intensificó con bombardeos contra objetivos en Irán y Beirut, mientras Hizbulá mantiene ataques limitados contra posiciones militares en el norte de Israel.
Estados Unidos ordenó la salida del personal de su embajada en Arabia Saudita mientras Irán continúa los ataques en represalia por el ataque coordinado entre la Administración Trump e Israel
El hijo de Ayatolá Alí Jamenei acumuló poder bajo el mandato de su padre como figura destacada cercana a las fuerzas de seguridad y al vasto imperio empresarial que estas controlan
El hecho ocurre tras un reporte del DHS filtrado a los medios que alerta de potenciales actos terroristas de individuos y ciberataques en medio de la guerra de EU contra Irán
Desde 2023, la actual administración de Argentina ha desarticulado instituciones, programas y marcos normativos diseñados para garantizar y proteger los derechos de las mujeres, niñas, adolescentes y personas de la comunidad LGTBIQ+
Para Alaa Murabit la fe no solo es creencia, es posibilidad, que ofrece la convicción de que tenemos un valor más allá de la productividad / Foto: The New York Times
En Roma, bajo techos con frescos, ejecutivos de Google, Meta, OpenAI y Anthropic se sentaron no con reguladores, sino con sacerdotes. Habían acudido a la Conferencia del Vaticano sobre Inteligencia Artificial en junio. Para la mayoría, parecía una simple imagen. Pero después de 15 años de trabajo en la intersección entre la seguridad, la salud y el desarrollo, yo vi algo más: incluso los arquitectos de nuestro futuro buscaban un sentido.
Durante la pandemia de COVID-19, cuando algunos sistemas de salud pública colapsaron, no fueron los algoritmos los que nos salvaron. En Michigan, los estacionamientos de las mezquitas se convirtieron en centros de vacunación con servicio desde el auto. En la zona rural de Alabama, una iglesia bautista colgó un cartel que decía: “Pruebas gratuitas, todos son bienvenidos”. Los líderes religiosos, desde Nigeria hasta Dakota del Sur, ayudaron a superar la reticencia a las vacunas allí donde los mensajes del gobierno fracasaron (o se ocultaron de manera deliberada). Estos actos no fueron soluciones provisionales, sino que revelan algo más profundo sobre cómo los seres humanos afrontan las crisis y la incertidumbre.
En Occidente, el declive de la afiliación religiosa formal no solo ha supuesto la erosión de las creencias, sino también la erosión de los puntos de referencia. La fe ofrecía un propósito, rituales y comunidades que superaban muchas divisiones. Sin esos puntos de referencia compartidos, las personas se ven obligadas a navegar por la incertidumbre sin brújula.
Algunos lugares de fe fueron usados durante la pandemia de Covid-19 como centros de vacunación con servicio desde el auto / Foto: The New York Times
Para mí, la fe no solo es creencia, es posibilidad. La fe ofrece la convicción de que tenemos un valor más allá de la productividad. Ese sentido de valor y agencia es lo que muchos buscan ahora. Aunque hoy en día la fe no está regresando con fanfarrias, creo que esa es la razón por la cual las bancas de las iglesias, vacías durante mucho tiempo, están empezando a llenarse de nuevo.
Crecí como musulmana, hija de inmigrantes, en las praderas canadienses, donde los musulmanes representaban apenas el 0.12 por ciento de la población. Mi padre era médico, así que pasé mi infancia en los pasillos de los hospitales. Mi relación con la fe comenzó allí. (Sostengo que en los hospitales se escuchan más oraciones que en cualquier mezquita, iglesia o sinagoga).
En 2011, creé Voice of Libyan Women (La voz de las mujeres libias) en la Libia revolucionaria, con base en las escrituras islámicas parapromover los derechos y la seguridad de las mujeres. Por supuesto, la religión no siempre es una fuerza para el bien. Se ha utilizado como arma para excluir, en particular a las mujeres y a las personas marginadas. Pero en tiempos de agitación, no se puede llegar a la gente con teoría. Se le llega allí donde ya está. Para miles de millones de personas, ese lugar es la fe.
Este fenómeno no es exclusivo de los tiempos de violencia e incertidumbre política. En Kenia, los estudios demuestran quelos pacientes que sufren depresión mejoran cuando participan en programas de salud mental basados en la fe dirigidos por imanes y pastores. En Colombia, Marruecos y Filipinas, las iniciativas basadas en la fe promueven la consolidación de la paz y el acceso a la salud donde los sistemas tradicionales tienen dificultades. Los grupos religiosos lideraron una de las mayores marchas climáticas de la historia y replantearon la ecología como un deber sagrado. Cuando la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por su sigla en inglés) congeló los fondos, los grupos religiosos, desde Catholic Relief Services hasta las mezquitas e iglesias locales, mantuvieron los servicios en funcionamiento y a la gente con vida.
La fe no solo vive en la creencia; también se manifiesta en la asistencia, el compartir y los rituales / Foto: The New York Times
La fe no solo es teología, es un andamiaje. Esta infraestructura no son solo las mezquitas, iglesias y templos con presencia física que proporcionan atención médica, comida y cuidado infantil, sino también la red de confianza y valores que los sustenta. Es lo que yo llamo andamios sagrados: redes de significado profundamente arraigadas que mantienen unidas a las comunidades cuando otros sistemas fallan.
En Seúl, los veinteañeros intercambian currículums en los sótanos de las iglesias entre himnos. En las favelas de Río de Janeiro, las iglesias pentecostales reparten comida caliente y prometen seguridad cuando el Estado no lo hace. En Gaza, las familias se reúnen en patios bombardeados para rezar antes de repartir el pan, ritual que se convierte en ración. En Kampala, las mujeres juntan monedas en los patios de las mezquitas para comprar libros de texto y máquinas de coser. En Estados Unidos, el evangelio sigue siendo la base de las campañas electorales, las fiestas de bienvenida al bebé y los fondos para el alquiler. Para muchas comunidades negras, las iglesias eran la red de seguridad social original. La fe no solo vive en la creencia; también se manifiesta en la asistencia, el compartir y los rituales.
Pregúntale a cualquier profesor, gerente o amigo, y te dirán que la capacidad de concentración se está deteriorando. Los psicólogos consideran que la distracción y la disminución de la conciencia son los rasgos definitorios de nuestra era (en todas las generaciones, pero sobre todo entre los milénials). Estamos perdiendo la capacidad de comprometernos unos con otros en la vida real. Las comunidades religiosas contrarrestan esta erosión e insisten en la presencia, la obligación, la comunidad y el ritual como formas de cuidado.
Yo lo experimento en mi propio círculo multiconfesional de mujeres. La fuerza, la risa y el feroz cuidado de nuestras integrantes me han enseñado todo, desde cómo ser madre con intención, liderar con responsabilidad y cuidar a los padres mayores con gracia.
Este andamiaje se extiende a la política, donde líderes de todo el espectro recurren a la fe para reclamar autoridad moral. El senador Ted Cruz, republicano de Texas, atribuye a la Biblia la configuración de su política exterior. La representante Alexandria Ocasio-Cortez, demócrata de Nueva York, cita los valores católicos cuando lucha por la atención médica y la justicia climática. “Todas las personas son sagradas”, dijo. En una época de desconfianza institucional, la fe es una poderosa fuente de legitimidad.
Lo vi encarnado en el expresidente Jimmy Carter, con quien trabajé en el liderazgo de las mujeres en la construcción de la paz y la salud mundial. Lo conocí cuando yo tenía 25 años y le debo gran parte de mi capacidad para mostrarme como una persona de fe en un mundo de política. Hablaba del liderazgo de las mujeres como una obligación sagrada, pasando con naturalidad de la escuela dominical a las conversaciones de paz, de las manos ampolladas en las obras de Hábitat para la Humanidad a las campañas de salud mundial. Para él, la fe era un plan, tanto profundamente personal como profundamente político, que daba forma no solo a las creencias, sino también al andamiaje del cuidado y la dignidad a gran escala.
Las encuestas de la empresa de relaciones públicas Edelman revelan que la confianza en el gobierno y los medios de comunicación se ha estancado en torno al 50 por ciento. Para más de la mitad de la generación Z, la ruptura de la confianza es tan profunda que consideran que la desinformación o la violencia son herramientas aceptables para provocar el cambio cuando las instituciones les fallan. Las encuestas lo llaman desconfianza; yo lo llamo dolor: el dolor de la confianza traicionada y la pérdida de agencia. Y, sin embargo, tras décadas de declive, la afiliación religiosa en Estados Unidos se ha estabilizado. El 83 por ciento de los estadounidenses cree en Dios o en un espíritu universal, y más del 70 por ciento de la generación Z cree en algo más allá del mundo natural. Las generaciones más jóvenes están mezclando distintas fes y crean su propio surtido espiritual, pues prueban diferentes tradiciones en busca de comunidad y propósito.
Este reconocimiento de la necesidad de encontrar un sentido se está extendiendo por todos los sectores. Las escuelas de negocios combinan el propósito con el beneficio. Los planificadores militares, que se enfrentan a la guerra impulsada por la inteligencia artificial, se debaten con los marcos morales. La atención espiritual ya no es algo marginal: el 90 por ciento de las facultades de medicina estadounidenses la imparten ahora, frente a apenas el 3 por ciento en la década de 1990. Más del 70 por ciento de los pacientes quieren que sus médicos aborden sus preocupaciones espirituales durante una enfermedad grave, según diversos estudios.
Esta creciente aceptación de la importancia de la fe es la razón por la que el mensaje del papa León XIV a Silicon Valley tuvo un impacto diferente esta vez. La inteligencia artificial debe tener en cuenta no solo el bienestar material, sino también el espiritual, señaló el papa a los líderes tecnológicos en la conferencia de junio. A medida que la inteligencia artificial se acelera y los sistemas superan nuestra ética, la tecnología se siente cada vez más fuera de nuestro control. En la búsqueda de la racionalidad perfecta, corremos el riesgo de construir sistemas que pueden procesar todo excepto lo que nos hace humanos.
En un mundo en el que la tecnología se percibe como extractiva y la política como inestable, la fe ofrece algo poco común: un sistema de atención duradero y a escala humana. Los conflictos más profundos de nuestro tiempo no son entre civilizaciones o entre la fe y la razón, sino entre los sistemas que optimizan la eficiencia y los marcos que protegen la dignidad. En nuestra prisa por construir el futuro, estamos redescubriendo lo que siempre ha sido cierto: ser humano requiere comunidad, agencia y significado. A medida que los sistemas se vuelven más mecánicos, las personas buscan un andamiaje sagrado al que aferrarse para conservar lo que nos hace fundamentalmente humanos. El andamiaje del cuidado no pide identificación ni tiene inicio de sesión.
En Roma, los ejecutivos de Silicon Valley buscaron lo sagrado bajo techos con frescos. Pero en las cocinas de Río, los sótanos de Seúl, los patios de Gaza y las bancas de las iglesias de Atlanta, ya está ahí. La pregunta no es si la fe tiene cabida en nuestro futuro, sino si podemos construir uno sin ella.
Alaa Murabit es médica y experta mundial en salud, desarrollo sustentable, seguridad inclusiva, financiamiento innovador y educación de las niñas / Foto: The New York Times