Curanderos... / El poder de un “NO”; el primer paso hacia tu salud mental este 2026
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónEn México nuestra formación, comúnmente es imperativa el clásico: porque lo digo yo, nuestros padres nos enseñaron que se come lo que se sirve, sin replicas, como niños parte de la mayoría de quienes tenemos mas de 30 años, era impensable que se dijera “NO” en la infancia, pero al crecer los padres se preguntaban por que aceptaban un mal trato de su pareja o el motivo de aguantar un trabajo o esa profesión que no les satisface.
Y mucho de esto se debe a que nadie no sabe decir NO, para comenzar el año, solemos saturar nuestra lista de propósitos con “síes”: sí a la dieta, sí al gimnasio, sí a nuevos proyectos. Sin embargo, en mi experiencia como medico y, he descubierto que la herramienta más potente para transformar una vida no es lo que agregamos, sino lo que decidimos dejar fuera. Decir “NO” en ciertas circunstancias no solo es un acto de valentía, es una urgencia de salud pública.
En México, nuestra formación suele estar cimentada en una estructura imperativa. Muchos de los que hoy superamos los 30 o 40 años crecimos bajo el eco del clásico: “Porque lo digo yo”. Fuimos educados bajo una disciplina donde se comía lo que se servía sin réplicas y donde el “no” era interpretado como una falta de respeto o un acto de rebeldía intolerable.
Como niños, aprendimos que la aceptación y el cariño estaban condicionados a nuestra obediencia y complacencia. El problema radica en que el niño que no aprendió a poner límites se convierte en un adulto que no sabe protegerse. Es una paradoja dolorosa: esos mismos padres que nos enseñaron a no replicar, años después se preguntan con angustia por qué sus hijos aceptan malos tratos de una pareja, por qué no renuncian a un empleo que los humilla o por qué eligieron una profesión que les amarga los días. La respuesta es simple, aunque difícil de digerir: nadie les enseñó que el “NO” es el guardián de la dignidad.
Desde una perspectiva de salud integral, la incapacidad de decir “no” tiene consecuencias físicas reales. El estrés crónico derivado de asumir responsabilidades ajenas o de vivir en entornos tóxicos eleva los niveles de cortisol, lo que debilita el sistema inmunológico, altera el sueño y genera ansiedad.
Cuando aceptamos ese trabajo que nos drena o esa dinámica familiar que nos asfixia, estamos diciendo “no” a nuestra propia paz. La complacencia extrema es, en realidad, una forma de abandono personal. Nos han enseñado que ser “buena persona” significa estar siempre disponible, pero como medicote digo: una copa que siempre se vacía para los demás termina por secarse para uno mismo.
Si llevas décadas siendo el “ajonjolí de todos los moles”, el cambio no será de la noche a la mañana. Comienza con pasos pequeños: Haz una pausa, respira y pregunta: “¿Esto me suma o me resta?”; Elimina la culpa: Reconócela, pero no permitas que tome las decisiones por ti;Sé claro y breve: No necesitas dar una conferencia de prensa para justificar un límite.
Este 2026, te invito a que tu mejor hábito de salud no sea una vitamina o una rutina de ejercicios, sino la recuperación de tu voz. Mira hacia atrás y observa cuántas veces has postergado tus sueños por no incomodar a los demás. La vida es demasiado breve para vivir la agenda de otra persona.
Romper con el ciclo del “obedecer por obedecer” es un regalo que te haces a ti mismo y un ejemplo que dejas a las nuevas generaciones. Que este año no sea el de la complacencia, sino el de la autenticidad. Atrévete a decepcionar a los demás si eso significa dejar de decepcionarte a ti mismo. Tu cuerpo, tu mente y tu espíritu te lo agradecerán y Dios mediante serás mas pleno en este nuevo año.