Punto Gélido / Lágrimas del alma
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónLágrimas del alma son las que brotan de las emociones más encontradas de una persona adulta mayor, cuando expresa su descontento por el país que les estamos heredando a nuestros niños y jóvenes.
Ataviada con su sombrero y una mascada, su blusa blanca y su preocupación a flor de piel, hace uso de la única herramienta que en este momento tiene a su alcance: manifestarse y marchar para exigir mejores condiciones de vida para todos. Y así, en medio de la seguridad que puede proporcionar la masa de personas que le acompañan, se atreve a gritar lo que en particular no puede o no debe hacer, dadas las condiciones en que hoy vive.
El sentimiento es genuino; la realidad ha llegado a un punto donde tiende a ser insoportable. Vivir prisionero de un entorno que tiene como primicia la violencia en sus diferentes manifestaciones es algo que ha sobrepasado la condición humana básica: vivir en libertad de acuerdo con su entorno y condiciones. Y aun y cuando pareciera que sus gritos y expresiones son estrellas fugaces en el desierto de la indiferencia, al menos ella está haciendo lo que muchos no nos atrevemos a hacer: exigir lo que por derecho y obligación nos corresponde como parte de una sociedad organizada y civilizada.
Lágrimas del alma son el reflejo perverso de una situación que afecta a una gran mayoría, pero que por intereses muy específicos unos cuantos desestiman, condenan y tratan de ignorar, es decir, se queman con el vapor del caldo de cultivo que se cocina todos los días en los hogares, en las calles, en los pueblos, en las ciudades de este país. Lejos de ir al origen, a la raíz de los ingredientes que se conjugan para enfermarnos con la realidad que hoy tenemos, prefieren desestimar, acallar y manipular la manifestación legítima de un pueblo que ya se encuentra cansado de esta situación que es por demás incómoda para todos.
Lágrimas del alma es el resultado de una descomposición social que se ha venido gestando desde mucho tiempo atrás y que hoy parece que está madurando, acercándose a un límite, sin que podamos avizorar con claridad dónde comienza y dónde termina ese límite. Pero, sin embargo, es necesario que alguien haga algo, que todos hagamos algo, porque un pueblo no merece seguir derramando lágrimas del alma solo por no ser capaz de encontrar una forma civilizada de convivencia. La marcha física ha terminado por el momento; sin embargo, la marcha de las ideas, de la inconformidad, de la manifestación, continúa en los hogares, en las calles, en los pueblos y ciudades de este país, de este país que tiene una deuda pendiente con sus niños, con sus jóvenes, con sus ciudadanos.
Lágrimas del alma ruedan por las mejillas heridas de un pueblo bueno, de un pueblo sabio, de un pueblo trabajador que tiene una identidad, un legado, una grandeza, que hoy se ve amenazado por la acción desorientada tal vez de unos cuantos, por la inacción de otros que se comprometieron y juraron velar por el bien de sus representados, y también por la pasividad de un pueblo que ha permitido que el miedo poco a poco se apodere de su voluntad y de su destino.
Lágrimas del alma es el reflejo contundente de una persona adulta mayor, que sufre y se preocupa por la herencia incómoda que hoy le está dejando a sus descendientes. Y es que en teoría la misión de cada ciudadano debería ser siempre entregar una mejor sociedad a la siguiente generación; sin embargo, hay periodos de la historia en que esto no ha sido posible, y tal vez uno de esos periodos lo estamos viviendo en la actualidad. La preocupación del adulto mayor es legítima; las circunstancias y el hartazgo lo han obligado a salir a las calles y manifestarse. Creo que lo menos que merece es recibir el más mínimo respeto y la debida atención a sus reclamos, a su preocupación. Ser implacables hasta que esas lágrimas del alma dejen de brotar.