La admirable vida y muerte de “El Pana”
El tlaxcalteca nunca negó su gusto por los puros y menos por el alcohol, mostrándose siempre como un tipo gustoso de tener esas costumbres, que en él no eran vicios, sino parte de esa personalidad romántica que a muchos gustaba.
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Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónHace un par de días falleció Rodolfo Rodríguez “El Pana”, después de haber estado en terapia intensiva durante semanas. Fue noticia nacional el tope que le propinó el toro, lanzándolo por los aires y haciendo que cayera de un modo terrible, lo cual le costó la rotura de unas vértebras y una posterior tetraplejía. Ahora bien, ¿cuáles son los motivos por los que la vida de un matador puede resultar admirable? Especialmente el originario de nuestro prócer de hoy.
Filosóficamente hablando tuvo bien definidos sus valores y supo determinarse como el ser humano que él mismo decidió, es decir, tuvo un objetivo muy bien trazado. Por su origen humilde, antes de dedicarse a la tauromaquia, el “Brujo de Apizaco” tuvo que desempeñar diversos oficios, uno de ellos fue el de panadero, motivo que dio origen a su mote.
Al tener sus primeras ganancias, pudo pagar todas las deudas de su madre, quien en propias palabras del torero –ya no sabía a quién le debía sino a quién no le debía– de tantos acreedores que tenía. Eso demuestra una calidad humana y una solidaridad con la familia que hoy ya no se ve tan comúnmente.
Rodolfo fue un ejemplo de superación, ya que no le importó desempeñar los trabajos más modestos y perseveró siempre para ser alguien en la vida, lo cual no fue logrado en su juventud o madurez, ya que su fama creció enormemente cuando tuvo la valentía de torear, ya entrado en la tercera edad. Esto nos da una idea de lo que es la constancia y la voluntad de brillar, no importando el tiempo que haya transcurrido.
En 1979 tomó la alternativa, aunque hay que señalar que no tuvo el nivel de los grandes matadores como Silverio Pérez o José Tomás, no obstante, el solo hecho de ser torero combinado con su extravagancia atrajo los reflectores de este continente y ultramar. Son bien conocidos sus insultos a diversos matadores de la época, causando un desagrado que le costó no ser llamado a algunas plazas, pero eso no le impidió seguir haciendo de las suyas.
Recordemos que en 1995, se lanzó de espontáneo en la Plaza México, en el marco de la visita del ex presidente francés Jacques Chirac, a quien le mostró un cartel que decía “ya párale, cabrón, con tus bombitas”, lo cual nuevamente le costó un veto que le fue perdonado después.
Fue en enero de 2007, cuando se le dio la oportunidad de hacer una despedida digna. La corrida resultó un éxito total por el talento mostrado, especialmente al poner las banderillas. Esto le dio pauta para hacer otras grandes faenas, incluyendo un mano a mano con el Morante de la Puebla, en el mismo Madrid.
También hay que decir que tuvo malas actuaciones en estos últimos años de su carrera, recuerdo alguna ocasión que lo vi en “El Relicario”, mostrándose torpe al compás de “las golondrinas”, mientras otros toreros le ayudaban a terminar una faena que ese día le fue muy difícil de culminar.
El apizaquense nunca tuvo reparo en mostrar sus convicciones, dejando la mojigatería y los prejuicios a un lado, teniendo como compañeras inseparables a las muchas meretrices que lo acompañaron tantas veces, tanto en sus éxitos como en los fracasos. En una ocasión, durante una entrevista para la televisión en el ruedo, manifestó su más profundo agradecimiento a esas trabajadoras sexuales que le brindaron alojamiento y comida durante los tiempos de apremio. Esto lo hace muy superior a toda esa serie de políticos, funcionarios o ciudadanos que corrompen sus ideas por una conveniencia efímera, sometiéndose al statu quo y siendo unos autómatas que están deshumanizando el planeta.
Recordemos que la fiesta brava tiene como un ingrediente casi indispensable una buena copa de licor o vino, las botas son tan comunes como necesarias para que la emoción sea estimulada. De igual manera, los toreros encuentran en la bebida una especie de catalizador que los motiva de algún modo, aunque sabemos que la valentía que despliegan es producto de una mentalidad y fortaleza casi inquebrantables, no obstante, el tiempo indudablemente reduce las capacidades, aunque los 67 años que Rodolfo Rodríguez tenía a cuestas no eran obstáculo para esbozar una sonrisa subido en una carreta, con esa mirada de poder y un puro en la boca, no podía menos que ratificar el título que también tuvo: torero romántico, quizá uno de los últimos que hay sobre la tierra.
Todo esto demuestra toda una vocación bohemia y hasta humanista que ya no vemos actualmente. Tuvo el dinero que necesitó para ser feliz y vivir auténticamente a su manera, sin ambiciones ni conductas ni aspiraciones que destruyen la personalidad de millones de personas que habitan este mundo.
En los medios de comunicación masiva se muestra un mensaje de autenticidad y libertad, todo mediante la adquisición de productos netamente aspiracionales, lo cual masifica al sujeto y lo hace un esclavo proveedor de las grandes marcas y el gran capital. “El Pana” nunca tuvo que ir a un Starbucks, tener un iPhone 6 plus o vestir una marca de diseñador; se ataviaba con un textil sumamente folclórico y el acostumbrado traje de luces, elementos que superan por mucho el mejor atuendo, anunciado en el comercial más visto y con un modelo varón considerado atractivo.
El día de hoy hay personas pobres de intelecto, acomplejados que creen que la abolición de la tauromaquia beneficiará a los toros y a los animales, gente que muy probablemente sea consumidora compulsiva para sentir que existe, y todo ese conjunto de personas que se alegran perversamente por el deceso del matador. A todos ellos les recuerdo que el “Brujo de Apizaco” vivió y murió como quiso, rodeado de mujeres, alcohol y el toreo; diciendo lo que pensaba y demostrando una hombría y valentía que hoy le faltan a muchos ciudadanos; siendo un personaje humano, que gozó totalmente sus días y que tuvo el privilegio de elegir su muerte, como lo dijo públicamente en diversas ocasiones. Esta existencia le puede causar envidia a cualquiera que tenga un gramo de humanismo en su cuerpo, infortunadamente la ignorancia prevalece sobre la cultura, pero eso no importa, ya que “El Pana” estará viendo con una sonrisa a todos aquellos que festejan su muerte, sabiendo que esos mismos que perversamente se alegran, están más muertos que él debido a su pobreza intelectual. Hasta la próxima.