Ser conscientes de nuestras potencialidades y limitaciones. El autoconocimiento es un arma muy poderosa para enfrentar las adversidades y los retos, y las personas resilientes saben usarla a su favor. Conocer nuestras fortalezas y habilidades, así como nuestras limitaciones y defectos nos ayudará a ubicar nuestra realidad y ser objetivos a donde podemos llegar.
Ser creativas. La personas con una alta capacidad de resiliencia no se limitan a intentar pegar el jarrón roto, son conscientes de que ya nunca volverá a ser el mismo. Harán un mosaico con los trozos rotos, y transformarán la experiencia dolorosa en algo bello o útil. De lo vil, sacan lo precioso.
Confiar en las capacidades. Al ser conscientes de las potencialidades y limitaciones, las personas resilientes confían en lo que son capaces de hacer. Es necesario no perder de vista los objetivos y sentir seguridad de lo que se puede lograr, sabiendo cuándo es necesario pedir ayuda.
Asumir las dificultades como una oportunidad para aprender. A lo largo de la vida enfrentamos muchas situaciones dolorosas que nos desmotivan, pero las personas con un alto nivel de resiliencia son capaces de ver más allá de esos momentos y no desfallecen. Asumen las crisis como una oportunidad para generar un cambio, para aprender y crecer. Se sabe que esos momentos no serán eternos y que el futuro dependerá de la manera en como se reaccione. Cuando se enfrentan a una adversidad se preguntan: ¿qué puedo aprender de esto?.
Practicar el estar en el presente. Las personas resilientes tienen el hábito de estar plenamente presentes, de vivir en el aquí y ahora y de tener una gran capacidad de aceptación. Son capaces de aceptar las experiencias tal y como se presentan e intentan sacarles el mayor provecho. Disfrutan de los pequeños detalles y no pierden la capacidad para asombrarse ante la vida.
Ver la vida con objetividad, pero siempre a través de un prisma optimista. Las personas resilientes son objetivas, saben cuáles son sus potencialidades, los recursos que se tienen al alcance y las metas, pero eso no implica que no sean optimistas. Al ser conscientes de que nada es completamente positivo ni negativo, se esfuerzan por centrarse en los aspectos positivos y disfrutan de los retos. Por muy oscura que se presente la jornada, el día siguiente puede ser mejor.
Rodearse de personas que tienen una actitud positiva. Las personas que practican la resiliencia saben cultivar las amistades, por lo que generalmente se rodean de personas que mantienen una actitud positiva ante la vida y evitan a aquellas personas tóxicas. De esta forma, crean una sólida red de apoyo que puede ayudar a sostener los momentos más difíciles.
No intentar controlar las situaciones, sino las emociones. Una de las principales fuentes de tensiones y estrés es el deseo de querer controlar todos los aspectos de nuestra vida. Por eso, cuando algo se escapa de entre las manos, nos sentimos culpables e inseguros. Sin embargo, las personas con capacidad de resiliencia saben que es imposible controlar todas las situaciones, han aprendido a lidiar con la incertidumbre y se sienten cómodos aunque no tengan el control. Se centran en cambiar las emociones, cuando no pueden cambiar la realidad.
Ser flexibles ante los cambios. A pesar de tener claro el rumbo, también se tiene la suficiente flexibilidad como para adaptar los planes y cambiar las metas cuando es necesario. No se cierran al cambio y siempre están dispuestas a valorar diferentes alternativas, sin aferrarse obsesivamente a los planes iniciales o a una única solución.
Tenacidad en los propósitos. El hecho de que los resilientes sean flexibles no implica que renuncien a sus metas, al contrario, si algo las distingue es su perseverancia y su capacidad de lucha. La diferencia estriba en que no luchan contra molinos de viento, sino que aprovechan el sentido de la corriente y fluyen con ella. Estas personas tienen una motivación intrínseca que les ayuda a mantenerse firmes y luchar por lo que se proponen.
Afrontan la adversidad con humor. Una de las características esenciales de las personas resilientes es su sentido del humor, son capaces de reírse de la adversidad y sacar una broma de sus desdichas. La risa es su mejor aliada porque les ayuda a mantenerse optimistas y, sobre todo, les permite enfocarse en los aspectos positivos de las situaciones.