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Análisisdomingo, 25 de marzo de 2018

Una espada traspasará tu alma

Para mi hermana Gabriela

Profetiza el venerable Simeón, en el templo de Jerusalén, dirigiéndose a la madre del niño Jesús, el día de su presentación.

El evangelista Lucas, en 2:35, según la versión de Reina y Valera, lo consigna así: “Y una espada traspasará tu misma alma, para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones”.

Transcurren los años. Lucas apunta: “Y el niño crecía, y era confortado del Espíritu, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él”. (40)

Cuando el niño cumple doce años: “Subieron ellos (el niño santo y su familia) a Jerusalén conforme a la costumbre del día de la Pascua”. (42)

Terminada la fiesta, José y María volvieron pensando que Jesús caminaba en compañía de sus parientes. “Pero como no le hallaron, volvieron a Jerusalén buscándole”. (45)

“Y aconteció, que tres días después le hallaron en el Templo, sentado en medio de los doctores, oyéndoles y preguntándoles. Y todos los que le oían, estaban fuera de sí, por su entendimiento y sus respuestas”. (46 y 47)

Tres días habían pasado desde que notaron su desaparición y esos mismos días de sufrimiento fueron. María consternada, le dice a su hijo: “Te hemos buscado inundados de dolor…”.

Dijo Simeón que Jesús fue “puesto” para la caída y el levantamiento (catábasis y anábasis, derrota y victoria, muerte y resurrección); que es “signo de contradicción” para que se descubran los pensamientos de los muchos corazones.

Esto último es particularmente significativo: desvelar los pensamientos que viven ocultos en nuestros corazones, en nuestros núcleos pasionales; hacer visibles las razones recónditas de nuestro ser en la tierra, es la misión del signo.

Esa expresión de Simeón, de sintética elocuencia, es utilizada por el cardenal Karol Wojtyla en 1976, para denominar los ejercicios espirituales que el papa Paulo VI le ha encomendado a su magisterio.

“Signo de contradicción”: grafía que representa a Jesús, al hombre, al cristianismo mismo.

“Signo de contradicción”: llave, clave, cifra, para abrir el misterio profundo de la vida humana (Wojtyla, K., “Signo de contradicción, Meditaciones”, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1978).

Las anteriores son palabras de la Constitución Pastoral “Gaudium et Spes”.

El signo de contradicción es, luego, la reunión en una sola entidad de lo que se excluye. Dos ejemplos vertiginosos: 1. La doble naturaleza, humana y divina de Jesús. 2. El alma inmortal que anida en el corazón del hombre finito.

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