Entre Martinis | EL RINCÓN DE ZALACAÍN
Pero nada original, nada nuevo, nada para sorprender, pensó
Jesús Manuel Hernández
Foto: Jesús Manuel Hernández
De paseo por el Centro Histórico de Puebla, el aventurero, afectado por el calor primaveral y la ausencia de lluvias, intentó beber algo en alguna de las terrazas, nuevas, por cierto, de la ciudad.
Pero nada original, nada nuevo, nada para sorprender, pensó Zalacaín.
El bartender ofreció un “Martini seco”, algo, según el aventurero, muy pretencioso, dada su altísima exigencia.
No quiso remontar sus experiencias en el bar del Krasnapolsky de Amsterdam o en el Harri’s bar de Venecia, sería demasiado intentar comparar.
Lo más cercano a sus recuerdos, inmediatos claro está, fueron los dos emblemáticos sitios de Madrid.
El clásico, sigue siendo el bar del Palace, sobre todo ahora cuando el Ritz está en restauración y donde la competencia por ofertar un buen Martini Seco de ginebra o vodka es siempre bienvenida.
La casa de Madrid adopta el nombre de “Dry By Javier de las Muelas” muy cerca de la Plaza Colón en el Gran Meliá Fénix, con una estupenda terraza.
Pero, le dijo al bartender angelopolitano, la compañía, sobre todo si es femenina, es la cualidad “sine qua non” para obtener el mejor sabor, la mejor reacción, el condimento ideal para degustar y convivir.
Tal vez por eso, Javier de las Muelas suele ocupar la frase de la escritora estadounidense, especializada en las costumbres neoyorkinas, Fran Lebowitz, cuando se refiere al Martini: “No permitas que los niños mezclen martinis. Es indecoroso y utilizan mucho vermouth”.
¡Salud!
elrincondezalacain@gmail.com