Yoga, una forma de curar el alma
A sus 50 años de edad don Gilberto es profesor en Casa del Abue
Pilar Pérez
Parte de los tropiezos y caídas lo llevaron al alcoholismo, por lo que su vida se fue tornando más complicada, hasta que encontró a una persona que le ayudó a “rencontrar el camino”, le dijo que no echara en saco roto todo lo aprendido.
Querer y amar a sus semejantes así como no ser egoísta con los conocimientos o posesiones económicas, son las enseñanzas que obtuvo con su cambio de vida, mismas que le brindaron sus maestros, que no son otros que todos aquellos seres que se han cruzado en su camino.
Les ha enseñado que para encontrar el equilibrio solo necesitan de tres métodos sencillos: alimentarse, pensar y moverse. Porque, parafraseándolo, el ser humano es articulado y sin importar la edad, lo interesante es comprender que todas las personas son útiles.
Dentro de la Casa del Abue y al contacto con todas las personas de la tercera edad les ha enseñado que utilicen todas aquellas herramientas que ya tienen y solo es necesario que las aprendan a utilizar y las apliquen en su vida diaria.
“El caminar por esta vida es tan hermoso, porque en cada paso encontramos maestros que nos enseñan, aquí vine a la Casa del Abue, precisamente a aprender y eso sigo haciendo, aprendiendo”, concluyó.






















