Porque te has sentido valorada y respetada y en ocasiones has creído perder tu respeto y dignidad, porque tù, como yo y muchas, somos mujeres y transformamos dolor en oportunidad, dolor en silencio, dolor en dignidad, porque en ocasiones te has sentido derrotada y rebajada, has permitido la falta de respeto hacia tu persona por callar y aceptar lo inaceptable, has tenido miedo al juicio ajeno pero, has sabido sanar al mirar tu interior y reconocer que eres el yo soy del yo soy.
Hoy, escribo para tì porque tú, como yo, somos únicas e irrepetibles y nuestra ambición y definición del yo soy, comienza en la libertad del ser, del entender que ser mujer es aceptación, decisión en y para hacer, que la definición de éxito es diferente para cada una de nosotras y que nadie te enseñò el valor de ser mujer. Como mujeres nos enseñan desde niñas a ser fuertes pero débiles a tener derechos pero no a buscarlos, a ser incondicionales y responsables, lo que olvidaron decirnos, es el poder invisible que la mujer tiene para transformar su entorno cuando retoma su derecho de ser mujer, porque TÚ, eres mujer, das vida y sostienes tu mundo en tus brazos y entregas el corazón y alma por ellos, tus hijos, tus nietos No, no, no, tus padres, tus hermanos, tus amigos, tu trabajo y continúas por la vida en muchas ocasiones definiendo el rumbo de otros y olvidando definir el tuyo propio, brillando sin que los demás lo noten porque aunque lo noten, crees no merecerlo o deseas que quienes viven contigo sean quienes brillen, buscas mujeres que inspiren sin reconocer que eres TÚ quien debe inspirar amor, confianza y fe para realizar sueños, buscas aplausos que se apagan porque deseas llenar huecos que no se llenan con aplausos, se llenan con identidad, no es grandeza lo que buscamos las mujeres, es amor, es protección, es ternura es llenar esos huecos de abandono, de rechazo, del “no soy suficiente” que a veces nos repitieron, ese hueco que tenemos por compararnos y competir sin saber que lo importante es ser en primera persona y no es necesario competir y en ocasiones no lo es tampoco el compartir, porque el balance verdadero no es perfeccionismo, es coherencia, es que lo que siento se alinee con lo que pienso y hago, es aceptar que mi camino es único y se forma al caminar y no volver la vista atrás, es aprender de las experiencias buenas o no, es redefinir el propósito de vida en cada etapa del camino, es tener que caminar con amor y sensibilidad, es buscar y dar ternura, porque no naciste para estar agotada por competir, no naciste para sobrevivir en un cómodo desastre, naciste para ser y ser feliz en todos los ámbitos de tu existencia, con su riqueza y sus carencias, naciste para transformarte y ser auténtica.
El mundo no necesita más, mujeres perfectas, NO, necesita mujeres decididas a dejar de llenar esos hueco con comodidades y apariencias. No necesita madres ideales o esposas ideales, ni hijas ideales o profesionistas ideales, necesita mujeres llenas de luz dispuestas al cambio, a dejar de hacer lo mismo para crecer, necesita mujeres decididas a cambiar su vida para cambiar su entorno y la historia familiar que por generaciones ha cargado con las creencias familiares renovadas en cada generación. MUJER, reconoce que eres única e irrepetible y deja de buscar permisos para vivir en coherencia.
Recuerda ¡yo!, soy yo, porque en el mundo no hay nada ni nadie exactamente igual a mì, todo lo mío, es mío y me pertenece, mi cuerpo, mis frustraciones, mis gozos, mis alegrías, mis errores y mis aciertos, las palabras que emito y los pensamientos que creo y me hacen sentirme feliz o enojada, mis ojos que me permiten ver la belleza del mundo o su obscuridad porque tengo el más valioso don, el poder de elección y yo, elijo lo que deseo. Porque soy mujer, vivo entre éxitos y fracasos propios y ajenos, puedo aprender a quererme hasta comprender que debo morir para vivir, porque si vivo en la obscuridad siempre encuentro la luz y el camino para salir, y manifestar lo mejor de mi y sacar lo peor de mí, Si tú te decides a ser el yo soy te espero. Gracias.