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Análisissábado, 3 de noviembre de 2018

Sucedió en Rusia

Sucedió en Rusia

Juan Jesús Priego

“-No soy médico. Uno debe dirigirse al médico cuando quiere curarse de una enfermedad cualquiera”.

“-¿Creéis en Nuestro Señor Jesucristo, que es Dios y hombre, y en su Santa Madre, que fue siempre virgen?

“-Creo –respondió Nicolás.

“-Yo respondí –confesará después el enfermo- que en verdad creía con todo mi corazón y con toda mi alma, y que, de otro modo, no hubiera venido.

“-Si creéis –dijo San Serafín, esbozando una amplia sonrisa-, estáis ya curado.

“-¿Cómo curado cuando mi gente y vos mismo me tenéis en vuestros brazos?

“-Estás completamente curado; todo vuestro cuerpo está ahora sano.

“Él, entonces –recordará Nicolás Motovilov-, ordenó a mi gente que se alejara y, tomándome por los hombros, me puso de pie.

“-Poned vuestros pies en la tierra. No tengáis temor. ¡Estáis completamente curado! ¡Ved cómo os mantenéis bien!

“-Seguro que me mantengo bien, ya que vos me sostenéis.

“Y, retirando sus manos, dijo el staretz:

“-Ahora ya no os sostengo; permaneceréis de pie sin mi ayuda. Id entonces sin temor. ¡Dios os curó! ¡Id! ¡Avanzad!”.

Con paso al principio inseguro, Nicolás Motovilov dio sus primeros pasos, como un niño que apenas aprende a caminar. Luego apoyó sus pies en la tierra con mayor firmeza.

El hombre dijo que no con la cabeza. Entonces el padre Wasili le hizo esta otra pregunta: “¿Quieres vivir?”.

¡La de cosas que pasan en Rusia! Pero no pasan sólo en Rusia, sino en todo lugar donde un hombre o una mujer se ponen en las manos de Aquel para quien, como dice la Biblia en casi todas sus páginas, capítulos y versículos, todo es posible.

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