¡Ay Nicaragua, Nicaragüita!
El 19 de julio de 1979 las columnas guerrilleras del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) toman la ciudad de Managua, capital de Nicaragua, con lo cual se pone fin a la prolongada, férrea y represiva dictadura de Anastasio Somoza.
Fundado en los años sesentas del siglo XX, el FSLN fue el último movimiento guerrillero que, inspirado en la doctrina del “foquismo”, organizó, lidereó y consumó una revolución armada, la gran fantasía de la izquierda Latinoamericana.
En 1984 se celebran elecciones conforme a una nueva ley electoral, resultando electo como presidente Daniel Ortega, con el 63% de los votos. Su gobierno estuvo marcado por la inestabilidad, los desaciertos y malos resultados.
A ello habría que agregar el bloqueo económico de los Estados Unidos y el financiamiento de la administración encabezada por el entonces presidente Ronald Reagan a grupos armados de ex somocistas, que conformaron la Resistencia Nicaragüense, conocida como La Contra.
Ortega se quedó con los restos del FSLN, que ha usado como una empresa familiar, imponiendo un liderazgo centralizado, personalista, autoritario y patrimonialista. El sandinismo terminó por convertirse en orteguismo.
En noviembre de 2021, se deben realizar elecciones en Nicaragua para designar un nuevo presidente de la república. Y el viejo comandante sandinista se apresta a competir de nueva cuenta por el cargo, buscando eliminar previamente a la oposición.
Durante estos años de la dictadura orteguista, se estima que más de mil nicaragüenses han tenido que exiliarse, entre ellos artistas como Luis Enrique Mejía Godoy y Luis Carrión, otro de los 9 comandantes que encabezaron la revolución sandinista.
















