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Análisisviernes, 26 de marzo de 2021

División de poderes y democracia

Es decir, el presidencialismo se afianza en un sistema de división, equilibrio, balanzas, frenos y contrapesos entre los poderes, que a veces resulta frágil y problemático.

El pluralismo político, la competencia electoral y la dispersión del poder, fueron acotando paulatinamente este presidencialismo exacerbado y asfixiante.

Recordemos que en 1988 el PRI pierde la mayoría calificada en la cámara de diputados, con lo cual el presidente y su partido quedaron imposibilitados de reformar, por sí solos, la Constitución.

Podemos decir entonces que una de las características de nuestra transición a la democracia fue, justamente, el paso de un hiperpresidencialismo a una presidencia acotada constitucionalmente.

Sin embargo, con el triunfo de MORENA y de Andrés Manuel López Obrador estamos asistiendo a una peligrosa restauración del hiperpresidencialismo autoritario.

En México, estamos viviendo una involución democrática, una autocratización en el ejercicio del poder, el retorno al país de un solo hombre.

El presidente de la república busca concentrar un poder absoluto. La independencia del legislativo y el judicial, y el estado de derecho, le parecen obstáculos en su proyecto redentor y salvífico.

La dura embestida orquestada desde la presidencia de la república, es un riesgo para la democracia, la división de poderes, el estado de derecho y la necesaria independencia del poder judicial.

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