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Análisisviernes, 18 de junio de 2021

La derrota de la izquierda

Signos evidentes de esa renovación, los representan la condena que el PCM hizo de la invasión de la extinta Unión Soviética a Checoslovaquia, en 1968, para aplastar la Primavera de Praga, y en 1979 a Afganistán.

Durante esos años, la izquierda continúo teniendo una presencia marginal en la política mexicana, pero su papel era muy destacado en la vida cultural y académica, en la discusión de las ideas y el debate parlamentario.

En 1987 se concreta el último esfuerzo de unificación de la izquierda mexicana, con la creación del Partido Mexicano Socialista, que para las elecciones presidenciales de 1988 postula como candidato al ingeniero Heberto Castillo.

En las orillas del abismo, y a regañadientes, Heberto Castillo declina y se suma a la candidatura de Cárdenas, un ex priísta que cuestiona el enfoque neoliberal y plantea un regreso a las políticas del viejo nacionalismo revolucionario.

La izquierda mexicana, sectaria, antropófaga, dogmática y divisionista, nunca hizo un ajuste de cuentas con su pasado; nunca reconoció el fracaso y el fin de la ilusión socialista y comunista, esa esperanza colgada de una tragedia, como dijera Francois Furet.

Pero no se trata solo de trayectorias, sino del ideario, las propuestas y acciones políticas. Los compromisos tradicionales de la izquierda con la democracia, las libertades, los derechos humanos, el feminismo y el cuidado del medio ambiente, están ausentes en Morena.

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