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Gossipviernes, 24 de enero de 2020

El arte de comer insectos

Si de comer se trata, el mexicano es una clase de "sommelier", prueba, degusta, saborea y disfruta de los sabores más exóticos que pueden existir en el país, sin importar si vuela, camina, nada o se arrastra

Israel Romero / El Sol de México

Se arrastran, trepan, se esconden o pican. Han habitado la Tierra desde hace más de 300 millones de años, mucho comparado con la humanidad, apenas un millón de años. A lo largo de su evolución, los insectos se han adaptado a los diferentes hábitats de la Tierra, mostrando una organización social altamente desarrollada.

Diversos países del mundo se han caracterizado por el consumo de una gran variedad de insectos y México no es la excepción, ya que la diversidad ecológica y étnica con la que cuenta ha propiciado su consumo natural y sustentable.

Desde los clásicos chapulines que se consumen en la zona centro y sur de la república, las tantarrias en la zona desértica de Querétaro hasta los famosos chinicuiles que se incluyen en algunas botellas de mezcal, son parte de la clásica cultura gastronómica de nuestro país. Han formado parte de la medicina tradicional durante miles de años.

Los chapulines, en el México prehispánico, se pulverizaban y el resultado era usado como suplemento para fortalecer la sangre. El polvo diluido se bebía para tratar enfermedades de los riñones. Actualmente se sabe que son ricos en vitamina A y B y contienen un 90% de la proteína más saludable y absorbible del reino insecto.

Por ser los primeros en la cadena alimentaria, se nutren de plantas y son de los animales más limpios que existen. En comparación con la carne roja, la crianza de insectos es mucho más ecológico y económico.

En México un lugar común para degustar estos sabores es el famoso mercado de San Juan, en la alcaldía Cuauhtémoc de la Ciudad de México.

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