Claroscuro / La fiscalía y los ofendidos
LO OSCURO. El golpe de timón en la Fiscalía General de la República produjo un fenómeno conocido en la política mexicana. La súbita sensibilidad democrática de quienes jamás la practicaron.
Bastaron unos cuantos movimientos, la reactivación de expedientes empolvados y el mensaje de que la inercia dejó de ser política pública para que la oposición y los intereses afectados descubrieran, de manera casi simultánea, su amor por el Estado de derecho.
La reacción resultó tan rápida como predecible. Antes de que aparecieran imputaciones concretas, dirigentes del PAN y del PRI (Marko Cortés y Alejandro Moreno) denunciaron persecución política.
La acusación llegó sin expedientes, sin autos judiciales y sin datos. Llegó como consigna. Claudio X. González volvió a escena con advertencias solemnes sobre un quiebre democrático. Organizaciones de incidencia mediática elevaron el tono. El fondo jurídico quedó relegado; el relato se impuso como primera línea de defensa.
Mientras tanto, los datos siguieron su curso con la indiferencia que suele incomodar a la retórica. El promedio diario de homicidios descendió de manera sostenida respecto a los picos históricos y los aseguramientos de armas y drogas mantuvieron volúmenes elevados durante el último año móvil.
Las detenciones por delitos de alto impacto consolidaron una lógica operativa que mezcla inteligencia financiera con presión territorial.
En clave ácida, el balance resulta evidente. Cuando los viejos intocables se presentan como víctimas y los operadores de siempre invocan libertades que nunca defendieron, el golpe acertó. La fiscalía dejó de ser utilería institucional.
Hoy la fiscalía se torna en lo que temían los intocables… una amenaza para el club de los ofendidos.
COLOFÓN: Hacemos votos porque sea el mismo ejemplo para el sistema judicial por completo. Y para la administración pública en su totalidad. Aunque les duela a los que se beneficiaban con descaro.
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