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El reporte más reciente de INEGI nos presenta un panorama agridulce sobre el tema de la inflación. La inflación general anual se ubicó en 4.02%. Si bien no es un valor tan alto este se encuentra alejado del objetivo del banco central. Sin embargo, a nivel de las familias este valor es una ponderación que muchas veces se aleja del sentir de la población, sobre todo cuando se trata de surtir el mandado en sus hogares.
Al desmenuzar ese nivel de inflación, la inflación subyacente, que elimina los precios más volátiles y nos dice hacia dónde va la economía en el largo plazo, presenta un comportamiento mayor que la inflación general con un valor de 4.5% anual. Esto significa que los bienes y servicios que consumimos habitualmente, como la vivienda y la educación, siguen subiendo a un ritmo más acelerado que el promedio.
Pero lo que realmente está afectando al bolsillo de los mexicanos es lo que se denomina como el índice no subyacente, tan sólo en febrero de 2026, el precio del jitomate subió 22.5% y la papa 20.9%. Para una familia mexicana, esto no es sólo un dato estadístico; representa la diferencia entre poder sacrificar otros productos o recortar porciones.
Los datos de precios para febrero de 2026 en Tamaulipas lo posicionan como el estado con la menor inflación de todo México, registrando una variación mensual de apenas 0.12%. Matamoros registró una deflación de -0.4%, siendo una de las dos únicas áreas metropolitanas en el país con una tasa negativa. El municipio de Tampico presentó un incremento moderado de 0.30% ubicándose también entre las ciudades con menor encarecimiento a nivel nacional.
Comparando estos resultados con los que publica PROFECO, se establece que Tamaulipas ofrece una de las canastas básicas más económicas del país. El costo promedio de los 24 productos esenciales se situó en aproximadamente 798.60 pesos en establecimientos de la entidad, mientras que en entidades como Tlaxcala, alcanza niveles de 991.90 pesos, para la Ciudad de México esta canasta se ubica en 884.80 pesos. A pesar de la estabilidad general en el estado, los consumidores tamaulipecos enfrentan las mismas presiones que el resto del país aunque su intensidad es menor.
Esta falta de control de los precios, ya sea por fenómenos externos o internos, ha tenido un impacto social, a través del incremento en el costo de la canasta alimentaria que se utiliza para establecer la línea de pobreza extrema en donde hemos visto que esta ha crecido incluso por arriba de la inflación general. En el ámbito urbano, el costo de estos alimentos básicos aumentó 6.5% anual, 2.5 puntos porcentuales por encima de la inflación general. Para que una persona en la ciudad no sea considerada en pobreza extrema por ingresos, necesita al menos 2,516.97 pesos mensuales sólo para comida. Si sumamos servicios básicos como transporte y salud esa es cifra sube a 4,877.87 pesos, en comparación con el salario mensual promedio que perciben los trabajadores, el cual ronda en los 9,58.00 pesos.
A nivel global, la volatilidad en los precios de los energéticos y las materias primas sigue presionando las cadenas de suministro. Aunque el gas doméstico bajó moderadamente (-1.84%), el costo de los alimentos procesados y los servicios sigue a la alza debido a los costos acumulados de años anteriores.
El bienestar real de la población se logra cuando el crecimiento de los salarios supera el costo de la canasta alimentaria. Actualmente, esa brecha se está ensanchando. Los productos que más han subido entre ellos jitomate, papa y limón entre otros, son esenciales en la dieta de las familias mexicanas.
Como sociedad debemos analizar más allá de la estadística de la inflación general. El éxito económico de un país debe medirse por cuántas personas pueden cruzar la línea de pobreza y acceder a una vida digna, y no solo por la estabilidad del peso o la bolsa de valores. Usted ¿qué piensa?