Añoranzas / Cuando los hijos se van
La boda había sido un derroche de alegría y emociones que habíamos compartido con familiares y amigos. Los novios no cabían de felicidad, de amor, y nosotros de satisfacción.
Hicimos un recorrido por sus vidas y recordamos momentos inolvidables de su niñez, adolescencia y juventud.
Desde el primer día que las dejamos en el kínder hasta que recibieron su título universitario. Retrocedimos en el tiempo volviendo a vivir los buenos y los no tan buenos momentos de sus vidas.
Hoy, su habitación está vacía; nuestras hijas ya no están en casa porque se han ido a seguir su destino.
Gozamos con sus alegrías y sufrimos con sus penas; nuestros hijos son el amor más largo de nuestra vida, porque comienza el día de su gestación y perdura hasta el fin de nuestros días.

















