Asimismo, dentro de este concepto, el crédito al consumo —tarjetas, créditos de nómina, préstamos personales— se incrementó un 7.2% de forma anual, siendo el más dinámico entre los grandes componentes de la cartera privada.
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El consumo es, sin duda alguna, el motor más potente de una economía. Este representa una porción significativa del Producto Interno Bruto (PIB) por el lado de la demanda, y su comportamiento cotidiano nos esclarece mucho sobre el ánimo monetario de los diferentes agentes económicos, especialmente de las familias mexicanas.
Por ello, cuando el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) publica su Indicador Mensual de Consumo Privado (IMCP), vale la pena echarle un ojo para ver cómo se está comportando.
Los datos de enero de 2026 arrojan una señal mixta que merece una lectura específica. El IMCP disminuyó 1.6% respecto al mes previo en términos reales, aunque en su variación anual, todavía registró un crecimiento de 2.7%. Esta aparente contradicción —retroceso mensual, pero crecimiento anual— es más común de lo que uno cuestionaría, y es que refleja la naturaleza volátil del consumo en el inicio de año. Es decir, si observamos el consumo de un enero respecto al de diciembre, es natural —y hasta tradicional, me atrevería— percibir un consumo menor: la famosa cuesta de enero.
No obstante, mirando hacia dentro del indicador, el comportamiento de los componentes del consumo privado resulta revelador. Por una parte, el consumo de bienes extranjeros, es decir, importados, fue el que más mostró un retroceso en términos mensuales, con un descenso de (-)6.8%, mientras que el de bienes y servicios nacionales, se contrajo apenas un (-)0.7%. Este comportamiento sugiere que el consumidor mexicano apoyó relativamente más al mercado interno, probablemente, por presión sobre el bolsillo.
Respecto a la comparación anual, el panorama es distinto y se invierte de manera notable. Por ejemplo, en bienes importados, el consumo se incrementó un 12.2% en términos reales respecto a enero 2025, mientras que los productos nacionales avanzaron marginalmente un 0.4%. Una explicación breve de este comportamiento pudiera estar relacionado con la fortaleza relativa del peso mexicano durante una gran parte del año pasado, aunque para este año, con los conflictos globales y tenciones comerciales, podría suscitarse un entorno cambiario más incierto.
En cifras originales —quitando el ajuste estacional—, el consumo privado creció 1.5% anual en enero de 2026, incidido principalmente por los bienes importados que se incrementaron un 8.7%, mientras que los bienes nacionales, retrocedieron (-)0.3%. Dentro del componente nacional, los bienes duraderos y los semi-duraderos resintieron los mayores retrocesos, siendo estos del (-)2.9% y (-)3.8%, respectivamente. En otras palabras, electrodomésticos, muebles y ropa, son justamente los productos que la gente pospone cuando siente que el dinero no alcanza.
En ese sentido, es donde entra el crédito como un factor clave. Y es que cuando el ingreso corriente no es suficiente, muchos hogares y familias recurren al financiamiento bancario para sostener su nivel de consumo. Para ello, los datos del Banco de México para febrero 2026 lo confirman: el saldo de la cartera de crédito vigente de la banca comercial al sector privado se acrecentó un 1.6% de forma anual.
Es un dato sumamente significativo si lo vemos de diferentes aristas. El crédito al consumo crece a más del doble que la tasa del crédito total al sector privado, o bien, es más de tres veces el crecimiento del crédito a la vivienda, que avanzó marginalmente un 1.2% de forma anual. De igual manera, el crédito empresarial se contrajo un (-)0.6%, reflejando un menor apetito inversor por parte de las empresas ante un entorno de incertidumbre.
Con esta combinación de información, se puede esclarecer que el consumo privado en México se está sosteniendo, en parte, sobre los hombros del crédito. Es decir, las familias gastan, pero lo hacen desde el financiamiento. Si bien, el acceso al crédito es una herramienta loable e indispensable para suavizar el consumo a lo largo del tiempo, también implica riesgos si el endeudamiento rebasa la capacidad de pago de las familias.
Así, el panorama que se plantea a través de los datos del INEGI y Banco de México nos permite dilucidar que la economía mexicana sigue de pie, pero con pasos cortos y dudosos, mostrándonos que el consumo privado avanza en términos anuales, pero con matices en su modalidad mensual. Aunado a ello, nos esbozan que el crédito permite dinamizar la demanda interna, especialmente para el consumo, y que habría que permanecer atentos para observar si no se está construyendo una fragilidad financiera en los hogares dado un contexto donde la inversión de las empresas se frena y el empleo formal enfrenta una desaceleración importante, dejando que el crecimiento económico dependa casi únicamente de la demanda de las familias. Cuídese mucho.