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El pasado fin de semana se suscitó nuevamente un conflicto bélico de magnitudes globales, esta vez en Oriente Medio. Con ello, se provocó el cierre del Estrecho de Ormuz, lugar donde se estima que cruza de forma marítima alrededor del 20% del petróleo mundial. Esto, sin duda alguna, repercutirá indirectamente en los bolsillos de la población mexicana.
Y es que los precios del crudo reaccionaron inmediatamente ante tal acontecimiento, subiendo 7.4% para este lunes desde los 67.02 dólares por barril del último día de febrero. Así es que este ha rebasado el umbral de los 70 dólares estadounidenses por barril WTI (West Texas Intermediate), ubicándose por primera vez por encima de esta cifra desde junio de 2025.
No obstante, a causa de este conflicto bélico, se emitió una respuesta por parte de la Organización de Países Exportadores de Petróleo y aliados (OPEP+) en cuanto a un incremento en la producción diaria de alrededor de 200 mil barriles de petróleo para mitigar los efectos de la irrupción de la producción y logística marítima petrolera. Sin embargo, podrían ser insuficientes si el conflicto se recrudece.
Para México, la afectación podría verse por distintas aristas. Por una parte, México importa gasolinas; esto en aproximadamente el 2.3% de las importaciones totales, a diciembre de 2025, según el Banco de México. Por ende, el precio de la gasolina en nuestro país puede verse afectado debido a su precio de referencia internacional y al incremento del precio del barril de petróleo.
Por otro lado, un conflicto de estas magnitudes generaría una demanda de dólares debido a su “valor de resguardo”. A lo anterior se le sumaría un incremento en el tipo de cambio al verse más demandado el dólar estadounidense que el peso mexicano en los mercados globales. Para muestra de ello, según datos del Banco de México, el viernes pasado el tipo de cambio (FIX) cerró en $17.22 pesos por dólar, mientras que, para el día de ayer lunes, cerró en $17.35, un incremento del 0.75%.
Ahora bien, esta no sería la primera vez que, de forma reciente, eventos globales sacuden al mercado energético y, con ello, a la economía familiar. Por ejemplo, en 2020, con la pandemia, el mundo se paralizó y el precio del petróleo tuvo fuertes repercusiones; a tal grado que hasta llegó a cotizarse en números negativos. Esto tuvo repercusiones positivas en nuestro país al verse una caída marginal del precio de la gasolina, que no duró lo que todo México quisiera, a decir verdad.
Posteriormente, cuando hubo un conflicto bélico al este de Europa (Invasión de Rusia a Ucrania), el precio del petróleo sufrió un incremento y el gobierno mexicano respondió con estímulos fiscales a los combustibles para contener el impacto —estímulos que han dejado de aplicarse desde el 11 de abril de 2025—.
Ante el presente escenario, uno esperaría que el gobierno mexicano manifestara una postura positiva hacia la imposición de estímulos fiscales a los combustibles si los precios de estos se comenzaran a incrementar desproporcionadamente y no dejar que el pueblo mexicano tuviera una carga fiscal tan alta en la adquisición de combustible.
Y es que, en promedio, alrededor del 6.4% del gasto de los hogares se destina a la adquisición de combustibles, según información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) a través de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024.
Así, los próximos días serán clave. Si el conflicto se prolonga y el Estrecho de Ormuz permanece bloqueado, el petróleo podría acrecentar su precio. Y en México, sin la implementación de estímulos fiscales, la población se podría enfrentar a un encarecimiento de los combustibles que afectaría, por una parte, a las personas que tienen el privilegio de tener un vehículo e, indirectamente, a la inflación derivada de un incremento en los precios del transporte. Cuídese mucho.