El cumpleaños del perro / Ventanas y fotografías
Las ventanas son los ojos de la casa. Sin ventanas, de hecho, la casa estaría ciega, sin luz ni voluntad de mundo.
A través de la ventana se nos presenta la vida: la naturaleza, el transeúnte, el tráfico irremediable de los autos.
Si nos asomamos por una ventana, veremos que el mundo sigue vivo allá afuera. El mundo es según el estado de ánimo que tengamos.
Al día siguiente, el paciente de la ventana murió. El otro paciente, al ver la cama vacía con gran esfuerzo se levantó y llegó hasta la ventana y lo que percibió fue solo una calle miserable que daba hacia un basurero.
Para otro, ese mismo panorama es motivo de hastío, de una rutina que hace pensar en echarle un telefonazo al municipio para que poden dichos árboles, que pueden provocar corto circuito con los cables de energía eléctrica.
El mundo es según quien lo vea. Las ventanas significan libertad o prisión. Por las ventanas entra la luz solar y la humedad del espacio exterior.
Si una ventana permanece cerrada es como si el mundo (allá afuera) lo estuviera viendo un cíclope.
Las ventanas son los aleph palpables, construidos por el hombre a lo largo de los siglos.
En su obra el Timeo, Platón plantea al demiurgo como el autor de las formas geométricas que dan sustancia a lo recibido para dilucidar un modelo que construya el mundo que propone la imagen (fotografía), llevándolo al espacio de la significación.
Así, entonces, una fotografía tiene su semiótica en razón de dicha recepción por el ojo, sí, pero con la hondura invariable de lo cognoscitivo, el conocimiento hilado a la imagen.
Ver las fotografías de personas que hace años no veía, es más, de quienes llegué a pensar que ya estaban muertas, es motivo de alegría y de una emoción solo entendible en razón directa al afecto que tenía por ellas.
El tiempo es el material del cual estamos hechos. Es maleable y es de acero, es suave y áspero; tiene el olor moral de nuestros actos.
El tiempo tiene los gestos de nuestros hijos, la angustia de la mirada por los años venideros. Cuando uno planea él --el tiempo-- te mira y mueve su cabeza negativamente.
Nada de lo que hagamos tiene importancia frente al tiempo. Tarde o temprano nos masacrará, nos irá acabando con sus martillos invisibles.
¿Qué hacer? ¿Quién nos salvará del tiempo? El amor, con su silencio y su estruendo. El amor es también un camino humano. Basta limpiar el corazón y darse al otro.
Amar es abarcar lo infinito en un abrazo. Quien ama no teme al tiempo porque el tiempo no está hecho de amor, sino de olvido. Y el amor siempre es recuerdo, memoria que, aunque muramos, nos dará eternidad…

















