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Análisissábado, 8 de febrero de 2025

Hablemos de tecnología / Modern Warfare

Desde un caballo en las playas de Troya, pasando por fuego capaz de arder sobre las olas del mar, o una bomba tan mortal que el solo hecho de tenerla es disuasivo.

Imagine un mundo donde un ejército puede cegar satélites, interferir sistemas GPS o dejar inoperativos a miles de drones enemigos con un simple pulso electromagnético.

Eso no es un escenario de ciencia ficción, sino la estrategia de defensa que hoy emplean potencias como Estados Unidos, Rusia y China.

La guerra electrónica ya no es solo un complemento en el campo de batalla; se ha convertido en la primera línea de defensa y ataque en los conflictos modernos.

Ucrania y Rusia han sido el laboratorio perfecto para esta revolución. En un juego del gato y el ratón tecnológico, ambos países han desplegado sistemas avanzados para interferir y contrarrestar las comunicaciones del adversario.

Pero lo que está ocurriendo en Ucrania es apenas la punta del iceberg. En el Mar Rojo, buques de guerra estadounidenses han repelido ataques masivos de drones hutíes sin necesidad de disparar un solo misil.

Esto no solo ahorra municiones, sino que también permite a las naves mantenerse en combate sin delatar su ubicación con destellos de disparos o rastros de calor.

El impacto de la guerra electrónica no se limita a los drones o a los sistemas de defensa naval.

A finales de 2023, más de mil 600 aviones en Europa reportaron fallos en su GPS en un lapso de solo 48 horas. La causa: interferencias en el espectro electromagnético, probablemente causadas por operaciones militares encubiertas.

La evolución de la guerra electrónica ha traído beneficios estratégicos innegables.

No solo reduce la dependencia de armas convencionales costosas, sino que también permite que los ejércitos adapten sus estrategias en tiempo real sin revelar sus posiciones.

En este escenario, los países ya no solo compiten por tener el mejor armamento, sino por dominar el espectro electromagnético con inteligencia artificial, algoritmos de interferencia y armas no cinéticas.

La guerra moderna se ha convertido en un campo de batalla donde la información es tan letal como un misil.

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