A las puertas de la 89 Convención Bancaria, los líderes de instituciones como BBVA, Banorte, Banamex, HSBC y Santander, junto al representante de la ABM, dejaron de lado por un momento las tasas de interés, la cartera vencida y las ganancias para compartir su lado más personal
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Hay decisiones tecnológicas que se anuncian como soluciones técnicas, pero que en realidad nos obligan a mirarnos como sociedad. El inicio del registro obligatorio de líneas telefónicas celulares en México no es solo un trámite administrativo más: es un espejo incómodo donde se reflejan nuestras preocupaciones por la seguridad, la privacidad y la confianza en el Estado.
Amigo lector, pocas veces una línea telefónica había cargado tanto peso, la idea del Padrón de Telefonía Móvil parte de un diagnóstico que nadie discute seriamente: el teléfono celular se ha convertido en una de las principales herramientas para la extorsión, el fraude y otros delitos de alto impacto.
El nuevo padrón se fundamenta en la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión y fue publicado en el Diario Oficial de la Federación el 9 de diciembre de 2025. La apuesta es clara: asociar cada línea a una identidad real mediante la CURP, documentos oficiales y, en algunos casos, biometría. En el discurso oficial, el razonamiento es simple y poderoso: si cada número tiene nombre y apellido, el anonimato delictivo se reduce drásticamente. En la práctica, la historia suele ser más compleja.
Las compañías telefónicas quedaron obligadas a informar, orientar y habilitar mecanismos para que los usuarios realicen el registro. Telcel fue la primera en detallar públicamente el procedimiento, anunciando que a partir del 9 de enero de 2026 todo nuevo contrato deberá estar registrado, y que las líneas existentes tendrán como fecha límite el 30 de junio del mismo año. El registro podrá hacerse de manera presencial o remota, siempre que el usuario acredite plenamente su identidad.
Hasta aquí, estimado lector, todo parece razonable. Identificación oficial, CURP certificada y datos personales básicos. Sin embargo, el elemento que ha encendido la conversación pública es la llamada “prueba de vida”: una selfie que será comparada con la fotografía del INE para validar que quien registra la línea es realmente su titular. Tecnológicamente, se trata de reconocimiento facial, una herramienta ya usada en banca, fintech y trámites digitales. Socialmente, es otra cosa.
México no tiene un historial impecable en protección de datos personales. El Instituto Nacional de Transparencia ha documentado decenas de filtraciones masivas en dependencias públicas y privadas durante la última década. En 2022, por ejemplo, se expusieron bases de datos con millones de registros de ciudadanos, incluyendo CURP, domicilios y teléfonos. Frente a ese antecedente, no es extraño que muchos ciudadanos se pregunten: ¿quién custodiará este padrón?, ¿con qué estándares de seguridad?, ¿y qué pasará si la información cae en manos equivocadas?
El argumento gubernamental es que esta vez será distinto. La Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones, junto con la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones, impulsó una fase piloto entre septiembre y octubre de 2025, con la promesa de corregir vulnerabilidades antes del despliegue nacional.
Hay otro punto delicado que no puede pasarse por alto: los menores de edad. En México, se estima que cerca de 22 millones de niñas, niños y adolescentes utilizan un teléfono celular, una cifra similar al total del mercado móvil de países enteros como Venezuela. Para muchos de ellos, el celular no es un lujo, sino un medio de seguridad, comunicación familiar y acceso educativo. La pregunta es incómoda pero necesaria: ¿qué ocurre si un menor no puede registrar su línea?, ¿se le desconecta?, ¿quién asume la responsabilidad legal del número?
Aquí el padrón se encuentra con los derechos humanos. Organismos y especialistas advierten que una aplicación rígida podría vulnerar el derecho a la comunicación y al acceso a la información de millones de jóvenes. Vincular una línea a la CURP de un menor implica también abrir debates legales sobre tutela, consentimiento y responsabilidad, temas que el marco normativo aún no termina de resolver con claridad.
Países como India, España y Alemania cuentan con registros de identidad asociados a líneas móviles, con distintos niveles de exigencia. Los resultados han sido mixtos. En algunos casos se redujeron fraudes específicos; en otros, el delito simplemente migró a plataformas digitales, aplicaciones de mensajería cifrada o líneas internacionales.
Como columnista de ciencia y tecnología, no puedo evitar una reflexión adicional: cada vez que entregamos datos biométricos, entregamos algo que no se puede cambiar. Una contraseña se modifica; un rostro, no. Por eso, el verdadero éxito de este padrón no dependerá de cuántas selfies se capturen, sino de cuánta confianza se gane.
La Confianza se gana en base a hechos no a ideas- Luis Guzmán