¡Fuera máscaras!, ¡a soltar el hueso!... esa parece ser la primera interpretación del discurso de la presidenta de la república, Claudia Sheinbaum Pardo, cuando hizo, desde su mañanera del pasado martes, nuevamente el llamado a los políticos a quitarse del camino para evitar sospechas, a soltar sus encargos públicos para convertirse legítimamente en aspirantes a un nuevo encargo en las elecciones del año entrante, marcando un posicionamiento claro sobre la ética política.
“Quien trabaje en el gobierno de México y en cualquier gobierno, y quiera participar como candidato, debe dejar el gobierno. No se puede ser servidor público y, al mismo tiempo, candidato, precandidato, querer ser coordinador de la transformación en un estado, en un municipio o en una diputación. Tienen que dejar el gobierno y dedicarse a trabajar por el partido al que pertenezcan”, reiteró la primera mandataria, lo que seguramente no cayó muy bien en muchos que no tienen planeado dejar su actual cargo público hasta el límite que lo permita la ley; en el caso de Tamaulipas, hasta finales de febrero próximo, cuando sean 90 días antes de las elecciones del próximo 6 de junio de 2027. Pero Sheinbaum Pardo fue más allá; también dejó muy en claro que una “licencia” no es suficiente, se requiere una renuncia definitiva al cargo para evitar confusiones o el uso indebido de recursos o influencias en las campañas. De acuerdo con la presidenta de México, quienes vayan a las encuestas internas de Morena en junio y julio, deberán renunciar y dedicarse al territorio. No es el único criterio que ha pedido la presidenta, que también ha hablado de evitar la reelección y el nepotismo, aunque esto entre en vigor hasta las elecciones de 2030, lo que ha sido asumido en Morena como parte de los criterios de selección de candidatos. En el caso específico de Tamaulipas, todo esto puede quedar a un lado, pues la legislación permite a los políticos permanecer en su encargo y, en casos específicos, aún podrían reelegirse por última vez, si no lo han hecho ya. Entonces todo esto podría quedar como los llamados a misa; pero hay que tomar en consideración que también hay un líder político en el estado, que ha establecido muy bien las reglas del juego. El doctor Américo Villarreal Anaya subrayó hace un mes y medio con todas sus letras: “aquí no hay agendas personales. No hay proyectos individuales adelantados” y la frase fue hecha a la medida, pues la dijo frente a la militancia de su partido político, a quienes pidió mantenerse unidos con otra frase muy bien elaborada: “la unidad en los hechos no es uniformidad, sino madurez política, es entender que las decisiones no se anticipan, se construyen. Que las definiciones no se arrebatan, se procesan”; dijo, develando una idea muy clara del ideal del proceso en puerta. Ya veremos cuántas máscaras caen, cuántos se “destapan” y cuántos se “adelantan”, aunque en la realidad ya todos tenemos una muy buena idea.
La agenda legislativa que impulsa el diputado federal por Tampico Jesús Nader Nasrallah coloca en el centro una de las principales preocupaciones de millones de hogares: el alto costo de la energía. Su propuesta para ajustar las tarifas eléctricas representa un paso firme hacia la justicia social, al buscar frenar cobros excesivos y generar condiciones más equitativas para familias y pequeños negocios, impactando directamente en la economía cotidiana. En la economía que vivimos, en la que cada peso cuenta, iniciativas de este tipo alivian el bolsillo y fortalecen la confianza ciudadana en un legislador que escucha y actúa. Por otro lado, la eliminación del IEPS en combustibles abre una discusión de gran calado sobre la competitividad del país y el control de la inflación. La posibilidad de reducir significativamente el precio de la gasolina tendría efectos inmediatos en la cadena productiva, desde el transporte hasta los productos de la canasta básica, con efectos estructurales en la economía nacional. Con estas propuestas, Chucho proyecta una visión legislativa sensible y alineada con las necesidades reales de la población y orientada a construir un entorno económico más estable y accesible para todos.
La consolidación de un nuevo complejo hotelero de gran escala en Altamira, que contempla una torre de hasta 135 metros y un moderno entorno comercial y corporativo, refleja el dinamismo económico del municipio, pero también la capacidad de gestión del presidente municipal Armando Martínez Manríquez para atraer inversión estratégica y generar confianza en la ciudad. El proyecto está impulsado por la demanda del turismo de negocios y respaldado por obras complementarias de infraestructura, y posiciona más a Altamira, que es ya un Polo de Desarrollo Económico para el Bienestar, consolidando su papel regional. El trabajo de Martínez Manríquez es clave y evidencia un gobierno que planifica, gestiona y transforma el crecimiento en oportunidades reales para la población, traduciendo inversión en desarrollo tangible.