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Análisisdomingo, 18 de enero de 2026

Hablando de medicina y salud / Influenza: cuando enfermar también educa

Esta semana me tocó estar del otro lado del escritorio: influenza.

Comparto esto no como anécdota personal, sino porque cada temporada de influenza se repite el mismo patrón: miedo, automedicación, uso innecesario de antibióticos y confusión.

Lo primero que hay que decir con claridad es esto: la influenza es causada por un virus.

La mayoría de los casos no complicados alcanzan su pico entre el segundo y tercer día y comienzan a mejorar después. Esto no significa que uno se sienta bien de inmediato; el cansancio puede persistir, y forma parte del proceso.

El error más común es querer volver a la rutina demasiado pronto. La influenza exige respeto. Forzar al cuerpo solo prolonga la recuperación.

Ahora bien, esto no implica minimizar la enfermedad. En adultos mayores, niños pequeños, embarazadas, personas con enfermedades crónicas o con sistemas inmunes debilitados, la influenza sí puede complicarse.

Enfermarse no es un fracaso; contagiar por descuido sí es evitable.

Y finalmente, un mensaje clave: no todo cuadro de influenza requiere antivirales, y no todo malestar necesita una receta.

Saber cuándo observar y cuándo intervenir es parte de una medicina responsable.

La influenza, bien manejada, suele resolverse sola. Mal manejada, puede complicarse innecesariamente.

Esta semana me tocó bajar el ritmo, hidratarme, descansar y dejar que el sistema inmunológico hiciera su trabajo.

A veces, la mejor lección médica no se aprende en los libros, sino en la experiencia.

Y si algo vale la pena recordar en temporada de influenza es esto: cuidarse, no automedicarse y confiar en que el cuerpo, cuando se le permite, sabe defenderse bastante bien.

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