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Análisisdomingo, 28 de junio de 2020

Iridiscencias | Elizabeth Eleanor Siddal Rossetti

Tus fuertes brazos me rodean, Mi cabello se enamora de tus hombros; Lentas palabras de consuelo caen sobre mí, Sin embargo, mi corazón no tiene descanso.

Porque solo una cosa trémula queda de mí, Que jamás podrá ser algo, Salvo un pájaro de alas rotas Huyendo en vano de ti.

No puedo darte el amor Que ya no es mío, El amor que me golpeó y derribó Sobre la nieve cegadora.

Solo puedo darte un corazón herido Y unos ojos agotados por el dolor, Una boca perdida no puede sonreír, Y tal vez ya nunca vuelva a reír.

Pero rodéame con tus brazos, amor, Hasta que el sueño me arrebate; Entonces déjame, no digas adiós, Salvo si despierto, envuelta en llanto.

La muerte de una hija prematura aumentó su melancolía: se pasaba horas meciendo la cuna que le tenía destinada. Cuenta la leyenda urbana que, en ocasiones, se veía a su fantasma meciendo una cuna.

Como la brisa que la sangre orea

sobre el oscuro campo de batalla,

cargada de perfumes y armonías

en el silencio de la noche vaga,

símbolo de dolor y la ternura,

del bardo inglés en el terrible drama, la dulce Ofelia, la razón perdida,

cogiendo flores y cantando pasa.

Gustavo Adolfo Bécquer

El cuadro en sí, evoca la realidad de Siddal; la belleza, la locura del desamor y el desenlace de una tragedia. A la exhumación de sus restos se le llamó “La exhumación de Ofelia”.

Recordar a Elizabeth Eleanor Siddal Rossetti nos hace recordar la “Ofelia” de Shakespeare.

Sus restos fueron enterrados en el cementerio de Highgate y actualmente reposa junto con los de su esposo y su familia, quienes, en vida, Siddal, no les era plenamente aceptada… pero ahora… tendrán que resignarse.

arturomeza44@hotmail.com

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