Análisisviernes, 16 de diciembre de 2016
La lección interminable
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Con tal título de qué estoy hablando ¿Una lección termina cuando ha finalizado su enseñanza o de exposición de propuesta? Sacamos lección de los textos que leemos, al menos quienes se abocan a la escritura así lo hacen, lo digo por ser viejo en estos menesteres del pensar, del sentir y de la transmisión de estas cosas importantes. La muerte es última lección de los vivos y la sacamos cuando somos la Muerte, nadie ha resucitado para dar fe de qué es ni adónde vamos, es más, no sabemos siquiera de dónde vinimos, pero nos ufanamos en perseguir el principio y el fin de la vida, creyendo que nada termina porque todo se transforma, ¿seremos un nido en potencia de gusanos, los hijos de la podredumbre regresando a esa nada fatal y sin sentido?
Lo sustancial del texto presente es la emoción y la sensación de las razones de mí sinrazón, diría Miguel de Cervantes Saveedra (1547‒1616), un soldado, novelista, poeta y dramaturgo español, máxima figura de la literatura española por «El ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha», primera novela moderna y una de las mejores obras de la literatura universal; el libro más editado y traducido de la historia, sólo superado por la Biblia, y el texto maneja 10 mil palabras diferentes, cuando una persona culta de nuestro tiempo apenas tiene quinientas y Juan José Arreola tuvo en su obra completa 5,000, y Arreola estudió hasta el tercer año de la primaria…
Entonces, las lecturas y las conversaciones nos emocionan y el razonamiento nos esclarece. ¿Morirá la razón el día letal de nuestra vida, o en qué se transforma, en la fatalidad? Quién sabe, ya lo veremos individualmente; por lo pronto a especular del asunto, y cada uno sacará lección. Mi fantasía forjada en el catolicismo dice que resurgimos en otro ser de la nada.
Probablemente la muerte de un lugar en el que no deseo estar y por más que quiera que el tiempo pase rápido todo será doblemente lento. ¿Será el tiempo mi peor enemigo en esta circunstancia? Culpable de tal castigo sería la dopamina, neurotransmisor implicado en el amor, la recompensa, la motivación y el movimiento, entre otras funciones. ¡Qué recompensa! Dicen que la dopamina mide el tiempo psicológico o subjetivo estimado en la espera de algo y sí, la capacidad de medir con precisión estos periodos depende de factores como la motivación, la atención y las emociones. Pero el juicio sobre el tiempo no se liga a ningún órgano de los sentidos, y es crucial para que todas las especies sobrevivan.
Las neuronas que producen dopamina están en el cerebro medio o mesencéfalo, son reguladoras de este reloj interno, pero cuál es su relación directa entre las señales transmitidas por esas neuronas y el paso del tiempo. Para rellenar ese hueco para lo desconocido miraría la actividad de estas neuronas en ratones adiestrados para calcular si un intervalo entre dos señales acústicas es más corto o más largo que un segundo y medio. Los ratones son competentes para estimar los experimentos.
De manera simultánea, se midió la actividad de las neuronas dopaminérgicas y su activación o inhibición transitoria podía frenar o acelerar la estimación del tiempo. Si las estimulaban para producir más dopamina, los ratones tendían a subestimar el tiempo, y si las silenciaban, tendían a sobreestimarlo. Por lo tanto, alterar estas neuronas hace que nuestra percepción del tiempo se altere. Lo que se aplica a los humanos porque según los investigadores dicen que a pesar de que los ratones no expresan lo que sienten, se puede analizar la capacidad de los enamorados que al tener su cerebro inundado de dopamina, permanecen despiertos toda la noche hablando, sin notar el paso del tiempo.
Pero un cadáver ya no es humano muerto, simplemente es La Muerte, o sea que no hay neuronas ni músculo ni pasión ni nada, supongo ya todo está en calma y no hay más que esperar el día del adiós, el hasta nunca que es jamás como hasta siempre. ¿Haré un esfuerzo post mortem para regresar al más acá y decir cómo somos en el más allá? Qui est mon intention de la mort ma vie amoureuse…
Cuánta cosa digo imaginando L´être et le néant, primera obra filosófica de Jean Paul Sartre (1905‒1980), filósofo y principal exponente del existencialismo francés, publicada en 1944. Contrario a Sartre, yo estoy idealizando a la Muerte creando sus propias leyes la someto a la irresponsabilidad, a la frivolidad y a lo inmoral non personal con apoyo de los vivos, lo frívolo o cualquier no-forma tradicional, como una teoría no existencial declarando el encierro de los muertos para liberar los instintos del comportamiento y atrapado pensar hacia la imperfecta prisión de la irrealidad en general. Habría más qué decir.