Pre-textos del caimán | Marie Laurencin
“…peor que estar muerta aún más patético es ser una mujer olvidada”.
Las pinturas, dibujos y grabados de Laurencin mostraban constantemente la posibilidad de huir a un mundo sin hombres, construido a través de tropos visuales, como colores pastel, bufandas y animales, asociados con lo femenino.
Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresiónLas pinturas de Laurencin eran visualmente placenteras y celebraban el arte como algo que podía tener un propósito decorativo. Creó un estilo definitivamente propio mientras se expandía sobre periodos y movimientos anteriores tanto del arte como de la literatura, influida por el rococó, el impresionismo y en las ideas modernas del abstraccionismo, logró crear un mundo onírico, esquemas de color inusuales y despojar a sus imágenes de detalles extraños. Las imágenes de la identidad femenina de Laurencin crearon vínculos entre la identidad lesbiana y la fertilidad creativa.
Nació en París el 31 de octubre de 1883. Hija ilegítima nunca se atrevió a preguntarle a su madre quién era su padre (el político Alfred Toulet), eso lo supo hasta que cumplió 21 años. El gusto por la celebración de las mujeres y la feminidad de Laurencin se originó desde la infancia, en la que las apariciones esporádicas de su padre eran una interrupción no deseada. De niña, coleccionaba retratos de reinas europeas y disfrutaba visitar un convento. Era una gran lectora y le gustaba dibujar, aunque quedaba última en todas las materias de la escuela, por lo que no podía convertirse en maestra, tal era el deseo de su madre.
Para ella, sus últimos años de adolescencia eran “tristes, feos y sin esperanza”. A su fracaso académico respondió comenzando a dibujar autorretratos, actividad que continuaría a lo largo de su vida. Estudió pintura en porcelana en la École de Sévres. Luego se trasladó a la Académie Humbert, en donde practicaba dibujo, pintura y grabado. En ese lugar conoció a otros artistas que luego se convertirían en el centro del vanguardismo: Georges Braque y Francis Picabia.
Al mismo tiempo, Laurencin asistía a las famosas reuniones neo-sáficas de Natalie Barney, en las que multitud de mujeres, predominantemente lesbianas y bisexuales socializaban y discutían las relaciones entre el deseo femenino y el acto creativo. Para Barney, esas reuniones significaban un escape a un reino inspirado en el grupo de la poeta griega arcaica Safo, en la isla de Lesbos, así creó un espacio en el que las convenciones sociales se dejaban a un lado en favor de un reino de creatividad centrado en la conexión y la inspiración femeninas.
Sus primeros esfuerzos de grabado se vieron reflejados en 1904, cuando ilustró “The Songs of Bilitis” de Pierre Louys. El texto aborda el amor erótico entre mujeres, En ese tiempo, Laurencin se refirió a su propia preferencia por las mujeres, aunque se conoce muy poco de sus aventuras amorosas anteriores a 1907.
En ese año debutó en una exposición en el Salón de los Independientes, llevada a cabo en la Galería Clovis Sagot de Monmartre. El éxito de su presentación logró que varios cubistas se mostraran ansiosos por reclamarla como una de los suyos, aunque ella rechazó esa caracterización de su obra. En esa ocasión, Pablo Picasso le presentó a Guillaume Apollinaire, expresando que ella era la futura “prometida” de Apollinaire. Y así fue, la pareja tuvo una relación que duró seis años, tiempo en el que él escribía con frecuencia sobre Laurencin, a la que llamaba “Nuestra Señora del Cubismo”, lo que la llevó a que fuera asociada con ese movimiento. Ella se resistió y, a cambio, su trabajo se basó en las imágenes oníricas de los poetas modernos, incluido el propio Apollinaire, así como en los colores suaves de los impresionistas como Auguste Renoir.
La pareja vivió en unión libre, a lo largo de su relación; ambos eran hijos ilegítimos, nunca se casaron debido a la desaprobación de sus madres, al interés compartido por la vida moderna y en su rechazo a las convenciones burguesas. Henri Rousseau pintó un retrato de la pareja titulado “La musa inspira al poeta”.
Laurencin solía visitar con mucha frecuencia el estudio abierto de Pablo Picasso, ahí socializaba y exhibía regularmente sus obras. En ese lugar conoció a destacados artistas como Max Jacob, André Derain y a la escritora Gertrude Stein, con quien hizo su primera venta. En 1911, Laurencin fue la única mujer incluida en la “Maison Cubiste”, al lado de Marcel Duchamp. En 1913, su trabajo fue incluido en el histórico “Armony Show” de Nueva York, en donde dio a conocer el modernismo europeo al público norteamericano.
Tras la muerte de su madre, ocurrida en ese mismo año, rompió definitivamente su relación con Apollinaire, quien para entonces ya contaba con una fama bien ganada de mujeriego. Al año siguiente contrajo matrimonio con Otto van Waetjen, un pintor alemán a quien había conocido en la Académie Humbert. Así, Laurencin terminó definitivamente su relación con el cubismo, pero se mantendría siempre cerca de Apollinaire, hasta su muerte a los 38 años. Eso le produjo un estado de depresión e inestabilidad, tanto que a sus amigos les confió que se había casado con Otto sólo porque le recordaba a su madre. Al estallar la guerra en Europa, la pareja se fue a España, en donde Laurencin se involucró con el dadaísmo, ahí editó “391” junto con Francis Picabia, al tiempo que estudiaba la obra de Francisco de Goya. Al término de la guerra salieron de España y se establecieron en Dusseldorf, donde ella le solicitó el divorcio, más que todo porque se había vuelto alcohólico. Con todo, el divorcio se realizó en buenos términos y se mantuvieron cercanos hasta la muerte de Otto en 1942.
Después de la guerra permaneció en un mundo más cerrado. Experimentó con las tendencias artísticas predominantes y creó retratos al pastel de mujeres y perros por lo que ahora es reconocida. En esa etapa de su vida tenía mala reputación al pasar de amante en amante. Su férrea discreción evitó que se conocieran detalles de tales relaciones. Se dice que tal vez se acostó con algunas mujeres que pintó, incluida Nicole Groult, diseñadora de vestuario; también sostuvo una relación con Armand Lowengard, un cazatalentos del mercader de arte más popular del momento: Joseph Duveen, cuyas propuestas de matrimonio rechazó una y otra vez. Tras la madurez artística, se dio a la tarea de diseñar papel tapiz y textiles para Groult, ilustró ediciones de “Alicia en el país de las maravillas” de Lewis Carrol y “La fiesta en el jardín” de Katherine Mansfield. Participó en el Pabellón de la Embajada de Francia en la “Exposition Internacionale des Arts Décoratifs et Industriels Modernes” en 1925. La obra de Laurencin alcanzó una gran audiencia cuando diseñó el decorado y el vestuario de “Les Biches” de Sergei Diaghilev, que se presentó en París, Montecarlo, Berlín y Londres, en 1924.
Con el paso de los años su aislamiento fue creciendo cada vez más. Sufría episodios de depresión y otros problemas de salud, aunque nunca dejó de pintar. Su compañera principal era su doncella, Suzanne Moreau, con quien había vivido desde 1925. La neblina de su vida no deja en claro si sostuvieron alguna relación sentimental pero parece muy probable, luego de adoptarla legalmente en 1954 la nombró beneficiaria de su herencia. Laurencin murió de un infarto en 1956 y fue enterrada en Pére-Lachaise, según su última voluntad; se le sepultó con las cartas de amor de Apollinaire, una rosa en la mano y vestida de blanco. En 1983 se inauguró el Musée Marie Laurencin en Japón: el primer museo del mundo dedicado a una sola pintora.
Tras la muerte de su madre, ocurrida en ese mismo año, rompió definitivamente su relación con Apollinaire, quien para entonces ya contaba con una fama bien ganada de mujeriego. Al año siguiente contrajo matrimonio con Otto van Waetjen
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@OsirisJimenez