La década de los cincuenta fue para Violeta un tiempo de gran actividad, realizaba investigación musical, grababa canciones y daba conciertos en Chile y en Europa.
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Cantautora, pintora, bordadora y ceramista chilena. A lo largo de su impresionante carrera hizo una recopilación de las tradiciones musicales chilenas que incluyeron más de tres mil canciones reunidas en el libro Cantos folclóricos chilenos (1979), en el que recupera tonadas y décimas conocidas sólo a través de la tradición oral. En 1958 fundó el “Museo Nacional del Arte Folclórico”. En 1964 se convirtió en la primera mujer latinoamericana que expuso en el Museo de Artes Decorativas del Palacio del Louvre. Sus éxitos musicales han sido versionados por una gran cantidad de artistas reconocidos.
Violeta fue hija de Nicanor Parra Alarcón y de Rosa Sandoval Navarrete. Tuvo cinco hermanos y dos medios hermanos. Vivió en un ambiente de libertad. Pronto se aficionó a los espectáculos, tocaba la guitarra y cantaba a dúo con uno de sus hermanos. Violeta era, desde la infancia, muy tenaz y emprendedora, animó a sus hermanos para que salieran a cantar en cuanto lugar les era permitido. Su padre falleció cuando Violeta recién había cumplido 14 años.
Su hermano Nicanor (quien habría de convertirse en un gran poeta) obtuvo una beca concedida por la “Liga de Estudiantes Pobres” e invitó a Violeta para irse a vivir a Santiago, eso con la idea de que Violeta ingresara a la Escuela Normal de Niñas para ser maestra de educación primaria. Poco después de ingresar a la escuela, la abandonó y comenzó a cantar en bares, quintas de recreo y pequeñas salas de barrio junto con su hermana Hilda. Ambas se especializaron en el canto folclórico. Tuvieron muy buena aceptación y de esa manera se ganaban la vida.
En 1937 comenzó formalmente su carrea musical, actuaba en el restaurante “El Popular”, luego en el “Tordo Azul”. Participaban sus hermanos Clara, Hilda, Roberto y Eduardo. Interpretaban boleros, cuecas, rancheras y corridos. Fue en esa época que Violeta conoció a su primer gran amor: Luis Cereceda Arenas, un maquinista ferroviario con quien contrajo matrimonio. La pareja tuvo dos hijos: Isabel y Ángel, quienes habrían de convertirse en destacados músicos, adoptando el apellido Parra. Pronto la disímbola pareja comenzó a distanciarse, en gran parte debido a las actividades artísticas de Violeta, se divorciaron en 1948. Al año siguiente Violeta se casó con Luis Arce, de ese matrimonio nació Carmen Luisa, tres años después nació Rosita Clara, quien infortunadamente falleciera dos años después, justo cuando Violeta se encontraba de gira y actuando en París. Esa fatalidad aunada a las giras frecuentes de Violeta, provocaron la separación definitiva de la pareja. “Ya se va para los cielos ese querido angelito / a rogar por sus abuelos, por sus padres y hermanitos / cuando se muere la carne, el alma busca su sitio / adentro de una amapola o dentro de un pajarito”. (Rin del angelito).
Pronto, sus canciones se hicieron muy populares, entre ellas: “La viudita”, “Casamiento de los negros”, “Qué pena siente el alma”. En 1958 publica las “Décimas autobiográficas”, composición escrita en versos y en la que narra su vida. Un año después presenta el libro “Cantos folclóricos chilenos”, una recopilación de intensa labor como investigadora, en él se incluyen fotografías de Sergio Larraín y partituras de Gastón Soublette. Un año antes, tras su regreso a Chile, rompe con su marido Luis Arce y se traslada a Concepción en donde funda, un año después, el “Museo Nacional del Arte folclórico”. Es en ese tiempo que sus preocupaciones vitales comienzan a tomar forma y comienza a abordar la temática social, a través de la décima y de la composición poética. En 1961 viajó a Argentina, acompañada de sus hijos Ángel e Isabel, luego irían a Finlandia en donde participó en el “VIII Festival Mundial de la Juventud y los estudiantes”; recorrió, además, la entonces Unión Soviética, Francia, Italia y Alemania. Durante su estancia en París, dio recitales en el Teatro de las Naciones de la Unesco. Sus actuaciones en Francia lanzaron al mundo discográfico a sus hijos Ángel e Isabel, grabaron el disco “Au Chili avec los Parra de Chillán”. En 1964, Violeta Parra se convierte en la primera latinoamericana en exponer su obra en el Museo de Artes Decorativas del Palacio del Louvre”. Ahí presentó una serie de óleos, arpilleras y esculturas en alambre, trabajos realizados en París.
En 1960 Gilbert Favre, durante su estadía en Chile, conoció a Violeta Parra. Favre, de origen suizo, era antropólogo, tocaba el clarinete y la quena, amaba el jazz. Viajó a Chile y a Bolivia para explorar la cultura y el folclore, fue miembro fundador del grupo Los Jairas. Pronto Violeta y Gilbert iniciaron un romance que duraría varios años. Es en esa época que Violeta compone, su canción más conocida: “Gracias a la vida”: “Gracias a la vida que me ha dado tanto / me dio el corazón que agita su marco / cuando miro al fruto del cerebro humano / cuando miro el bueno tan lejos del malo / cuando miro el fondo de tus ojos claros”. Canción que refleja el gran amor que sentía por Gilbert. Pero la vida no es perfecta, y las sombras que siempre la acompañaron, se hicieron presentes nuevamente. Gilbert, tras vivir unos años con Violeta se trasladó a Bolivia y la abandonó. La tristeza, el dolor más profundo hizo mella en Violeta; sin embargo, lo fue a buscar a Bolivia para encontrarlo casado. Con todo, el dolor es también un aliciente para escribir, Violeta compuso “Corazón Maldito”: “Corazón maldito / sin miramiento. Sí / sin miramiento / ciego, sordo y mudo / de nacimiento. Sí /de nacimiento / me das tormento / sin miramiento / me das tormento / sin miramiento”. También compuso “Run Run se fue pa´l norte”: “Vacía como el hueco / del mundo terrenal / Run Run mandó su carta / por mandarla no más / Run Run se fue pa´l norte / yo me quedé en el sur / al medio hay un abismo / sin música ni luz / Ay, ay, ay de mí”.
Cada vez más consciente de su dolor y de las injusticias, Violeta comienza a escribir canciones en contra de la desigualdad social en Chile: “Arauco tiene una pena”, “Según el favor del viento” “Miren cómo sonríen” y la muy conocida “¿Qué dirá el Santo Padre?”: “¿Qué dirá el Santo Padre que vive en Roma / que le están degollando a sus palomas? / El que oficia la muerte como un verdugo / tranquilo está tomando su desayuno / con esto se pusieron la soga al cuello / el quinto mandamiento no tiene sello”.
Los Parra regresaron a Chile en 1965. En La Reina, Comuna de Ñuñoa, Violeta instaló una gran carpa con la finalidad de convertirla en un centro musical. En el proyecto participaron Patricio Manns, Víctor Jara, Rolando Alarcón y sus hijos Ángel e Isa-bel, pero la respuesta del público no fue la esperada y eso descorazonó su ya de por sí alma adolorida.
El 5 de febrero de 1967 Violeta Parra, a los 49 años, se suicidó de un disparo en la cabeza, en su carpa de La Reina. Ahí se levantó una capilla ardiente y su funeral tuvo lugar tres días después. Sus restos descansan en un nicho de la galería 31 del Cementerio General de Santiago de Chile. Mercedes Sosa le dedicó, en 1969, uno de sus álbumes musicales, durante su visita a Chile. En diciembre de 1972 se estrena la obra “Canto para una semilla” de Luis Advis, a partir de las décimas autobiográficas de Violeta en donde participaron su hija Isabel Parra, Inti Illimani y el relato de Carmen Bunster. Su canción “Volver a los 17” sigue sonando en nuestros corazones: “Volver a los diecisiete / después de vivir un siglo / es como descifrar signos / sin ser sabio competente / volver a ser de repente / tan frágil como un segundo / volver a sentir profundo / como un niño frente a Dios / eso es lo que siento yo / en este instante fecundo”. En este mes en que conmemoramos la lucha de las mujeres, que viva siempre Violeta Parra.