Altares, ofrenda de vida y muerte
Los días de muertos una oportunidad de que vivos y muertos convivan
Tomás Briones
Los misioneros españoles dieron forma a una nueva religión y para lograr su arraigo tomaron elementos prehispánicos y los adaptaron para darle mayor fuerza. Uno de esos híbridos resultantes de la fusión es precisamente la celebración del “Día de Muertos”.
La maestra Talia Olivares de la Cruz, profesora y especialista en el tema de esta festividad cultural en el país, conferencista destacada con más de 200 participaciones en diversos foros nacionales, dice que en realidad vinieron a acoplarse a algo que en Mesoamérica ya se celebraba decenas de miles de años antes.
En los pueblos mesoamericanos, especialmente en la cultura mexica, la esta empezaba el 27 de septiembre, por jar una fecha en el calendario actual. Era cuando se concluía la temporada de cosecha de maíz, insumo básico en la dieta de los pueblos.
No eran conocidos propiamente como altares, término que se aplicó después como una referencia a lo que se entiende como tal. “Ver hacia arriba, a lo alto, al cielo, a lo divino”, como lo entendieron los españoles llegados a México.
Los españoles tomaron esos elementos y los añadieron a su propia celebración de los Fieles Difuntos, que se conmemora el 1 de noviembre, y el de Todos los Santos, el día 2. Alrededor de esas fechas se fueron agregando actividades que son resultado del mestizaje cultural y de la imposición religiosa.
“Es increíble el respeto y el apego de la gente de la Huasteca a estas celebraciones. Los días de muertos son una oportunidad de que vivos y muertos convivan, que se unan espiritualmente, que se recuerden mutuamente. Es quizá una de las celebraciones más emblemáticas del mestizaje cultural, pero con un toque mayoritariamente prehispánico”, dice.
El altar de muertos está integrado por diversos elementos que simbolizan cada uno, algo importante en este proceso de reencuentro de vivos y muertos.
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