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Localmartes, 22 de noviembre de 2016

Delfino Reséndiz, “El Campeón de la Rectitud”

El maderense de nacimiento creció en la colonia Primero de Mayo

Antonio Sosa

Ubicado en la zona norte de Ciudad Madero el fraccionamiento “Delfino Reséndiz” recibe este nombre en honor a quien fue un ilustre y connotado petrolero del siglo pasado.

Nacido el 24 de diciembre de 1928, hijo de Francisco Reséndiz Jiménez y Pabla Robles Juárez, una familia petrolera en los albores de cuando la industria del oro negro era operada por extranjeros.

El maderense de nacimiento creció en la colonia Primero de Mayo, ingresando a laborar muy joven a la máxima industria de la nación, con el grado de transitorio o eventual.

Con la muerte de su papá ocupó la plaza de base, comenzando desde entonces su escalada en el gremio, donde conoció a Don Joaquín Hernández Galicia “La Quina”, de quien se convirtió en asesor, confidente, amigo e incluso compadre.

En el año 1950 se casó con la señora Elmira Chávez de Reséndiz, con quien procreó a María Guadalupe, Delfino, Sagrario, Francisco, Héctor, Carlos y Mario.

Fue asesor sindical a nivel nacional, secretario del Trabajo, de Ajustes y de Previsión Social, pero lo más destacado es que cada uno de los movimientos del entonces todopoderoso Joaquín Hernández no se efectuaban sin la venia de Delfino.

https://www.youtube.com/watch?v=e6vAlwo5iiI&feature=youtu.be

Las calles de este sector maderense llevan nombres de fundadores del Grupo Unificador Mayoritario “1 de Octubre”, entre los que destacan Miguel Siordia Treviño, Urbano Juárez, Raúl Castillo, Andrés Ramírez, Gustavo Castro, Luciano Zúñiga y Salvador Navarro.

“Antiguos líderes consideraron que Delfino Reséndiz Robles fue un baluarte para la Sección Uno y optaron por ponerle en 1989 su nombre al fraccionamiento; fue un hombre idealista, íntegro en sus acciones”, dijo su hijo Héctor “El Pelón” Reséndiz Chávez.

EL POLVORÍN

De ahí que quienes vivían o transitaban por esta zona denominaron la región de bosque y casuarinas altas como “El Polvorín” debido a que en su paso en mulas, caballos o carretas siempre temían que de manera repentina se registrara una explosión.

“En esta zona estaba un almacén donde se guardaba pólvora, rieles, piedra y durmientes de ferrocarriles, los cuales usaban para ir abriendo brecha hacia el norte, dinamitando montañas, cerros y montes”, dijo el entrevistado a El Sol de Tampico.

Apenas habla de su padre la voz de Héctor Reséndiz se quiebra y los ojos se humedecen, en un claro indicio que lo extraña y recuerda con particular afecto, pero sobre todo por el gran orgullo que mantiene a más de tres décadas de su partida.

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