Expediente Confidencial / La libertad, amenazada
No hay acontecimiento más relevante en el mes que termina, ni en el año que casi concluye, que las elecciones estadounidenses.
Unas elecciones que dieron un veredicto claro: Trump no es un santo, pero sus rivales son mucho peores.
El Partido Demócrata dejó de ser aquel que defendía a las clases trabajadoras, para convertirse en santuario de intereses oscuros, impulsados por una élite académica, maquillados con frases grandilocuentes, a partir de Obama.
Los gobiernos limpios, los partidos limpios, no pactan con criminales. Eso lo hacen entre mafias.
Y el Partido Demócrata se ha convertido en el partido de las mafias, sino es que en una mafia en sí mismo.
Su actuar refleja eso. La Cultura de la Cancelación, tan Woke, está hecha a imagen y semejanza de cómo actúan las mafias.
¿Qué hacen quienes piden 'cancelar' a alguien? Lo mismo que las mafias: amenazar, amedrentar, violentar.
Eso no lo hace quien cree en la libertad y la democracia.
¿Por cuál libertad? Si en los gobiernos de Obama/Biden y de Biden/Harris, todo aquel que se saliera un milímetro del pensamiento Woke era brutalmente atacado.
¿De qué libertad habla Harris? Si los Woke no tienen empacho en calumniar, difamar y destruir la vida de quienes piensan distinto a ellos o los desenmascaran.
Un ejemplo fue lo sucedido al académico afroamericano Roland G. Fryer, simple y sencillamente por contradecir lo que señalaba Black Lives Matter.
Y subrayo: a-f-r-o-a-m-e-r-i-c-a-n-o. No era un blanco, un "redneck", como les llaman despectivamente los Woke. Era un afroamericano, demostró que BLM mentía y le destruyeron su carrera con acusaciones falsas.
Y en la misma línea estuvieron las revueltas en las redacciones de los diarios LA Times y Washington Post, simplemente porque sus dueños se negaron a pedirle a sus lectores que votaran por Kamala Harris.
En la era Biden/Harris la máxima ha sido: o piensas como yo, o te destruyo.
Ni qué decir de los pobres estudiantes judíos, que han sido atacados en las universidades por los Woke que simpatizan con el terrorismo árabe, llegando al punto de obligarlos a arrodillarse hasta que digan "Free Palestine".
Si eso no es enfermo, no sé cómo pueda calificarse.
Está muy claro quiénes son los agresores en este caso.
Yo no he visto ni un solo estudiante judío haciendo que un árabe se arrodille y diga "viva Israel".
Tampoco he visto un solo simpatizante republicano atacando como loco a un simpatizante demócrata en redes, o pidiendo que se les cancele, se les quite el trabajo o, ya de plano, se les anule socialmente, por decir lo que piensan.
Las agresiones siempre son al revés: de los Woke hacia quienes no coinciden con ellos.
Por eso, no en pocos reinaba el terror de expresarse ya no digamos a favor de Trump o del Partido Republicano, sino, simplemente, en no coincidir con todos y cada uno de los mandatos de Joe Biden, Kamala Harris y los Woke.
Y en el resto del mundo, incluso quienes manifestaban posiciones de centroderecha, alejadas de las de Trump, recibían insultos y agresiones.
La máxima de esa purga cultural y mediática es 'o eres Woke, o te destruiremos'.
Y eso generó un verdadero terror en muchos a decir lo que pensaban y en lo que creían, o a verse fuera de lugar o no encajar por criticar los excesos Woke.
Y cuando hay terror para decir lo que se piensa, es que se vive bajo la bota de una mafia, no de un gobierno democrático.
La humanidad ha derramado mucha sangre para que tod@s podamos decir lo que pensamos.
Decir lo que se piensa es libertad.
Y esa libertad es la que aborrecen los Woke.
Y con la que buscaba acabar Kamala Harris, empezando por X.
Nadie se confunda: el 5 de noviembre ganó la libertad.
Pero no es un triunfo eterno. O se resuelve el tema de los Woke, o esa libertad vivirá siempre amenazada y un día podemos perderla.
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